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Opinión

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Súper Bigote, el superviviente

Muchos dictadores son adictos al culto a la personalidad y entre ellos hay algunos bastante originales (y ridículos) en lo concerniente a las formas dedicadas a su adoración. Es el caso de Nicolas Maduro, quien ha decidido explotar las posibilidades comunicativas del comic con la creación “Súper Bigote”, un superhéroe venezolano dedicado a combatir a Estados Unidos y a sus aliados locales. El comic ya también tiene su propio dibujo animado, transmitido por la cadena de televisión estatal, y también se reparte un muñeco para los niños vestido con un ajustado traje rojo y capa azul. “Con la mano de hierro” es su eslogan, una frase reiterada por el dictador, sobre todo durante sus primeros años en el poder, cuando quería intimidar a quienes dudaban de su capacidad de sustituir a Hugo Chávez.

Hoy resulta imposible subestimar a Súper Bigote, por lo menos en su capacidad de supervivencia. Hace apenas unos años parecía tener los días contados. Más de sesenta países cerraron sus embajadas en Caracas tras las fraudulentas elecciones de 2019. Estados Unidos bloqueó el acceso a sus mercados financieros, sancionó el petróleo y paralizó inversiones. En poco tiempo, Maduro alcanzó un estatus de paria internacional, incluso acusado de narcotraficante por la DEA. Venezuela padeció hiperinflación, una monstruosa crisis migratoria y el desplome de su capacidad de producción petrolera. Protestas masivas, enfrentadas con una brutal represión, parecían llevarla al borde del abismo. Pero hoy Súper Bigote no solo sigue en el poder, sino cuenta con una base aparentemente más firme, la economía ha mejorado un poco y su gobierno ha restaurado los lazos con sus vecinos latinoamericanos.

¿Cómo logró este milagro este superhéroe de pacotilla? Pues como sucede en los malos comics, mucho le debe a las torpezas de su supuesto archienemigo: Donald Trump. La coalición anti-Maduro comenzó a mostrar grietas tan pronto como se planteó la posibilidad de una intervención militar. Los gobiernos de América Latina privilegiaron su preocupación por la defensa de la no intervención sobre su interés por la democracia y la defensa de los derechos humanos y lentamente sacaron a Maduro del frío. También el dictador se vio beneficiado por el apoyo de otros “hombres fuertes”.  Profundizó sus lazos diplomáticos, militares, comerciales y económicos con Irán, India, China, Turquía y Rusia. Finalmente, privatizaciones opacas y una dolarización “de facto” han restaurado en cierta medida de estabilidad de la economía al precio, muy “socialista”, de aumentar unos niveles de desigualdad ya de por sí altísimos.

La guanga oposición venezolana también puso su granito de arena en favor de Súper Bigote. El gobierno “legítimo” de Guaidó cayó víctima de luchas internas y escándalos. Y más importante, el enfoque de Washington hacia Maduro viró obligado por la guerra de Ucrania y la revalorización estratégica del petróleo. Ahora, el objetivo declarado de Estados Unidos y de las naciones latinoamericanas es conducir a Maduro de vuelta a la mesa de negociaciones con la oposición para propiciar elecciones libres en 2024. Eso le dará tiempo a Súper Bigote, quien pese a su demostrada resiliencia aún está en una posición débil. Depende del apoyo de las facciones militares y políticas de un partido cada vez más dividido, y sus mejoras económicas y diplomáticas son endebles.

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