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Opinión

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Refresqueras,? el villano a modo

El gobierno logró dividir al sector privado: en una esquina están los productores de refrescos; en la otra, los productores de alimentos industrializados.

Las refresqueras se quedaron solas. El gobierno decidió enfocar sus baterías en contra de los productores de refresco para elevar la recaudación fiscal. Al hacerlo, dejó intactos a otros fabricantes de productos que engordan: pan industrializado, botanas, lácteos endulzados, galletas y chocolates, entre otros.

¿Por qué ocurrió esto? Las empresas de la industria alimenticia no llegaron con un frente único ante las autoridades. Les preocupaba que el gobierno impusiera un impuesto general a los llamados productos chatarra. Lo consiguieron, pero el sector del refresco fue sacrificado . Si los legisladores lo aprueban, habrá un impuesto especial de 1 peso por litro. Hacienda espera captar 12,455 millones de pesos cada año. Si se considera que cada mexicano consume 163 litros anuales, le tocará pagar 163 pesos.

La mayor parte de la industria alimenticia ha guardado silencio ante la creación del nuevo impuesto. Llama la atención la prudencia de empresas como Bimbo, de la familia Servitje, y Lala, encabezada por Eduardo Tricio. No hay expresiones públicas de solidaridad con los refresqueros. Se verán beneficiadas, de facto, si se mantiene la situación actual. Las protestas vienen principalmente de la cadena de abasto del refresco: la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera y la Unión Nacional de Productores de Caña.

El gobierno logró dividir al sector privado en este asunto. En una esquina están los productores de refrescos. En la otra, los productores de alimentos industrializados. La división es real, aunque no haya estridencias. Basta leer entre líneas el comunicado que The Coca-Cola Company emitió el 10 de septiembre. Califica como discriminatorio , el impuesto a las bebidas azucaradas. Argumenta que la gente consigue calorías de muchos alimentos y fuentes de bebidas .

El impuesto lo pagarán los consumidores y la cadena que abastece a las refresqueras: productores de caña, azúcar y la cadena de logística. Los mayores pagadores serán los embotelladores de Coca-Cola porque son los que tienen la mayor cuota de mercado. Pepsico es un caso interesante. Vende refrescos y botanas. Gana en una mano y pierde en la otra.

La elección del refresco como chivo expiatorio se explica en buena medida por una buena estrategia de cabildeo o negociación de grandes como Bimbo y Lala. También se puede entender a partir de información que es de dominio público. El pueblo mexicano es un gran consumidor de harinas y fritangas, pero nadie se ha tomado la molestia de elaborar un ranking mundial con el consumo de estos productos. En el caso de los refrescos, llevamos años sabiendo de nuestro liderazgo global en el consumo per cápita. Son 163 litros, frente a un poco menos de 140 litros de los estadounidenses, número dos mundial.

Una razón poderosa es que se trata de un producto con gran inelasticidad-precio. Esto quiere decir que el consumo de refrescos cambia muy poco cuando hay un aumento en el precio. La reducción inicial en las ventas que producirá el incremento de precio en 1 peso por litro se eliminaría en un plazo relativamente pequeño.

Las embotelladoras son un villano a modo. El refresco se relaciona más que ningún otro producto con nuestra epidemia de obesidad: 32.4% de nuestra población adulta tiene sobrepeso, comparado con 22% en la OCDE. ¿Así o más claro?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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