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Reflexiones sobre educación y cultura financiera
El martes hablé en esta columna sobre cómo aprender sobre finanzas personales puede cambiarte la vida. Mencioné que los conceptos son en realidad sencillos, lo complejo es adquirir hábitos saludables y tener la claridad mental de saber el tipo de vida que queremos construir.
La educación y la cultura financiera son mucho más que sólo conceptos. Tiene que ver mucho con adquirir un criterio y las habilidades que realmente necesitamos.
¿Por qué se enseña historia en las escuelas? No es para aprender los chismes de la corte de Luis XIV en Francia o una bola de fechas en las que ocurrieron batallas importantes. Se enseña para que el alumno pueda entender cómo se forman los procesos históricos. ¿Por qué se detonó la Revolución Mexicana? ¿Qué pasaba en esas fechas en nuestro país? A través del análisis de los problemas de las sociedades, en otros tiempos y lugares, de sus causas y consecuencias, podemos también comprender fenómenos sociales y políticos del presente, en México y también en otros lugares.
Lo mismo con las matemáticas, que tan mal se enseñan en México. No se trata de aprender a sumar (eso lo puede hacer una calculadora). Se trata de desarrollar una capacidad de abstracción y deducción que es fundamental para formar estructuras lógicas de pensamiento.
De la misma forma, la educación financiera no se enseña nada más para que alguien pueda entender cómo se calcula el interés compuesto. La idea es comprender nuestra propia relación con el dinero, aprender cómo se crea y cómo se destruye el patrimonio y cómo manejar nuestros recursos para lograr las cosas que son más importantes para nosotros. Al final, se trata de lograr la vida que queremos, más plena, con menos estrés y preocupaciones.
Mucha gente en todo el mundo privilegia el consumo a la inversión. El enfoque es tener cosas “hoy” para “vivir mejor”, que nos permitan sentirnos bien. Así, se deja de lado todo lo que es importante, como la construcción de un patrimonio para que algún día no tengamos que depender de un trabajo para subsistir. O la contratación de un seguro que proteja lo que es valioso para nosotros.
El problema es que la vida nos alcanza. Llegará el día en el que, por edad o por enfermedad, ya no podamos trabajar. Hay personas que lo pierden todo en un instante. Algunos se preparan, la mayoría no y eso hace toda la diferencia.
Todavía no conozco a ninguna persona de mediana edad que no me haya dicho: “ojalá hubiera empezado a ahorrar para mi retiro antes”.
La importancia de la educación y de la cultura financiera no está sólo en el conocimiento que aporta, sino en la perspectiva que brinda.
Siempre me ha parecido triste ver cómo las personas con más problemas financieros no son las de menores ingresos sino la clase media, que abusa del crédito. Como aquellos que lo compran todo a meses sin intereses y se pasan la vida trabajando para terminar de pagar lo que adquirieron hace un año y que por eso no tiene capacidad de ahorro alguna.
En una de las empresas en las que trabajé introdujeron un plan de pensiones. Los empleados podían decidir si querían contribuir en él. La empresa igualaba esas aportaciones, hasta 5% del salario. En otras palabras: la empresa duplicaba la cantidad que tú ahorrabas. Gratis.
Me sorprendí cuando me enteré que menos de 20% del personal estaba participando. ¿Por qué la gente dejaría pasar dinero extra gratis, que a largo plazo podría hacer una enorme diferencia en su vida? Por falta de cultura financiera y de perspectiva.
Repito: los conceptos financieros son en realidad muy sencillos. Los he explicado aquí a lo largo de los años, una y otra vez. Pero si no tenemos perspectiva, si no sabemos qué es lo importante y no tenemos claros cuáles son nuestros objetivos, terminaremos navegando sin rumbo.