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Política en tiempos de la pandemia
Ante el darwinismo de altas y bajas, así como del pesimismo que pretende sepultar los buenos deseos, cobra importancia la memoria que es pasado y experiencia para no repetir errores, así como la imaginación que apuesta por un futuro mejor.
Políticamente, el efecto de la pandemia se concentra en cuestiones de legitimidad de gestión de los gobernantes. Si bien muchos tienen un origen legítimo al haber ganado las elecciones que los llevó al poder, se han quedado cortos en el uso de la imaginación, los consensos y los recursos. Otros simplemente no pudieron. Las proféticas palabras del canto a la grandeza del Hombre de la Antigona sofoclea dice: "Nada habrá en el futuro a lo que sin recursos se encamine".
En la pasada campaña electoral en Estados Unidos, el presidente Donald Trump perdió la presidencia, entre otras razones, porque tuvo una actitud cínica, irresponsable y prepotente ante la pandemia. Cuando le preguntaron sobre los muertos, simplemente dijo: Así fue. No tuvo ninguna solidaridad con la población de su país que está viviendo con miedo y tristeza. Trump ignoró el peso de la tragedia.
Los efectos negativos de la pandemia por Covid-19 en la economía son la destrucción de empresas y desempleo, dos funciones civilizatorias de la actividad productiva.
Se preguntaba Mafalda, esa figura entrañable de las tiras cómicas: ¿Si rompemos las estructuras, que hacemos con los pedazos? Por ello, es relevante para el mundo que el Congreso de Estados Unidos haya autorizado 900,000 millones de dólares y para los países europeos la Comisión Europea hizo lo mismo con 750,000 millones de euros, con el objeto de hacer un ataque frontal a la pandemia, básicamente en vacunas, apoyo a desempleados, créditos a las empresas y transferencias a los gobiernos estatales, para atender directamente a los afectados.
Los efectos sociales que ha traído la pandemia son los más graves porque además de los muertos está el desempleo, la violencia intrafamiliar producto del confinamiento, y los desequilibrios psicológicos potenciales. Si la comunicación humana es una de las virtudes culturales, cuando se interrumpe surge el aislamiento y la depresión. Se afecta el deseo, se crea tristeza y se interrumpe la alegría, tres afectos considerados fundamentales y que determinan a los demás. El deseo es constitutivo del hombre y es impulsado hacia el futuro. La tristeza y la alegría tienen un tránsito en la potencia de existir.
Ante el panorama actual urge superar la pesadilla que puede convertirse en una catástrofe mayor. Tenemos que sobreponernos como se ha hecho en el pasado con tragedias similares. Y aprender que los científicos tienen el conocimiento y que advirtieron de los peligros de una pandemia que pudiera presentarse, misma que ocurrió. En el contexto global todo el discurso esperanzador se ha venido hacia abajo. Tienen razón filósofos como Hans Jonas que consideran que el poder de autodestrucción de la especie humana y de todo el planeta no representa ya una quimera y que por ello hay que abandonar las peligrosas utopías desestabilizadoras.
Resulta paradójico que, a pesar de la grandeza humana, estemos atrapados por una pandemia que ha contagiado a 81 millones de personas en el mundo y que nos tiene sumidos en el miedo. Ante el darwinismo de altas y bajas, así como del pesimismo que pretende sepultar los buenos deseos, cobra importancia la memoria que es pasado y experiencia para no repetir errores, así como la imaginación que apuesta por un futuro mejor. Y recordar a Emily Dickinson que decía: "Ignoramos nuestra verdadera estatura, hasta que nos ponemos de pie".