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Opinión

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Nostalgia del Caviar, "Sin los EUA, los mexicanos estarían comiendo comida enlatada para gatos"

Aunque admito que hay gatos y perros afortunados que comen mejor que muchas personas, creo que la intención del senador republicano John Kennedy era no solo denigrarnos con su “verdad”, sino dejar patente que gracias a que nos compran anualmente mercancías por 400 mil millones de dólares (el dato es del propio senador) debemos hacer lo que nos pide: dejar que las fuerzas armadas norteamericanas entren y se hagan cargo de los cárteles.

Es interesante que, en una sola frase, el citado senador haya logrado conjugar racismo, prepotencia y desprecio a toda forma de diplomacia. Se dirá que el mensaje iba destinado a la administración Biden como parte de la campaña que ya inició a pesar del tiempo que falta para la elección (2024). Lo peor no es este tipo de frases de políticos republicanos, sino la mentalidad que hay detrás y que tiene efecto en una parte importante de la población norteamericano que la suscribe. 

Pero el senador Kennedy no está solo, el año pasado el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis, propuso (y se aprobó) una dura ley migratoria que persigue la inmigración irregular y consolida un controvertido programa de reubicación. Por supuesto, en el momento de promulgarla atacó al presidente demócrata. De Santis es un aspirante a la candidatura presidencial del Partido Republicano. 

Pero tal vez el político que más se ha radicalizado frente a la problemática de la migración es el gobernador de Texas, Gregg Abbott. No solo tiene un virulento discurso antinmigración, sino que ha reforzado su frontera con México con la guardia nacional texana y helicópteros, Fue él quien tomó la decisión de subir a los migrantes indocumentados en camiones y mandarlos a New York. También aspira a la candidatura presidencial republicana. 

En México, ese tipo de expresiones causa indignación y es usada por el presidente López para encabezar un discurso nacionalista en el que llama a los mexicanos que votan en Estados Unidos a que no sufraguen a favor de esta clase de políticos. Sin embargo, esta llamada es para el mercado interno porque más allá de las fronteras no tiene efecto, como ilustró Carlos Puig en su artículo de Milenio publicado el día ayer en el que mostró que una buena parte de la población hispana de Texas votó a favor de Abbott en su reelección. 

El presidente López ha logrado construirse una imagen de un mandatario nacionalista que nos defiende contra el “imperialismo” yanqui. En los hechos no es así. Desde la época de Trump ha sido dócil en materia de migración. México se convirtió en los hechos en el muro de Trump y de Biden. Contiene a los migrantes en el sur y en el norte, pero además en condiciones miserables. Insistamos en la muerte de 40 migrantes en Ciudad Juárez en el actual sexenio como una muestra de lo que sucede. 

Esta semana, luego de la llamada entre los presidentes Biden y López, el presidente mexicano aseguró que México también enviará más elementos de la Guardia Nacional para reforzar su frontera sur. Cuando le preguntaron si era parte de un acuerdo con Estados Unidos, insistió que había sido una decisión soberana. Horas después, el secretario norteamericano Alejandro Mayorkas lo contradijo, asegurando que era parte de un acuerdo y una solicitud de Biden. Esta es una muestra de lo que en realidad sucede.

AMLO ha logrado, a cambio de ceder en el tema migratorio, que Estados Unidos no sea muy insistente en otros asuntos, como el energético en el cual las conversaciones están estancadas y no se ha llamado a un panel comercial para analizar las políticas mexicanas en la materia. En pocas palabras, a cambio de ser un muro de contención migratorio, el gobierno norteamericano se hace de la vista gorda. 

El problema de la migración es una bomba de tiempo a nivel mundial. ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha señalado que el número de personas que se ven forzadas a huir de sus hogares ha ido en aumento año tras año en la última década, alcanzando niveles históricos. A pesar de esto, sigue tratándose como un tema en el que los países desarrollados lo ven en términos de invasión o ruptura de sus leyes. Es decir, hay que regresar a los desplazados, refugiados y migrantes a sus lugares de origen, sin importar guerras, violencia o pobreza. 

En el caso mexicano, AMLO habla de que hay un nuevo sueño mexicano en el que los programas sociales y su política de abrazos no balazos hace que los nacionales no migren. Miente. Las cifras están ahí y rompen récords históricos: el año antepasado, EUA deportó más de 600 mil mexicanos; el año pasado, más de 800 mil y en lo que va de este año suman más de 300 mil. 

El sueño mexicano es una pesadilla. 

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