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No mambrú
El otro día en un restaurante me pidieron la sal, cuando le quise pasar el salero de mano en mano a mi amigo, movió la cabeza en son de «no», y señaló la mesa con los ojos. «No mambrú», le contesté, quizá un poco más soez. «No te vaya a salar». Hay costumbres difíciles de entender. De regreso a casa, por el segundo piso del periférico, vi la cara de Claudia Sheinbaum en un anuncio espectacular: mira soñadora el futuro en lontananza. Se trata de la campaña publicitaria de la edición de agosto de Mundo Ejecutivo. Por algún motivo «inexplicable» sigue bien puesto en septiembre. Recordé la cantidad de políticos que han usado el mismo ardid: publicitar libros y revistas para burlar la ley electoral. Tan rancia costumbre hasta parece normal entre los señores del viejo régimen, pero habla muy mal de una «transformadora de la vida pública», coequipera del presidente de la cartilla moral. Para ser sincero, me da tirria escucharla dar argumentos a favor de la necesidad imperiosa de cambiar el INE a la vez que hace trampas para burlar las reglas electorales. Me recuerda a esos políticos muy puritanos que quieren prohibir la prostitución y las drogas pero que en sus fiestas bailan muy juntitos con escorts, bien puestos. Queda claro que la doctora ni es congruente ni fiel a los principios democráticos básicos. No lo dice, pero es bueno hacérselo ver: actúa usted a partir de la misma máxima que presumía su rival Felipe Calderón: ganar «haiga sido como haiga sido». Ande pues, pero no se de baños de pureza, ni de ser distinta al «comandante Borolas», ni de transformadora del espíritu moral de la democracia mexicana.
Otra costumbre desconcertante, y que ese mismo día llamó mi atención en twitter, es la de lavar el pollo. ¡Hay personas que lavan el pollo! Esa si que me resultó novedosa y muy difícil de entender. Al parecer pasan sus pechuguitas y sus muslos por agua para quitarle la salmonela. Gente, recapaciten un poco: el agua no mata al bicho y sí lo deposita en su tarja. El calor, en cambio, sí acaba con él y, que yo sepa, nadie en este país come carpaccio de pechuga de pollo, no mambrú. Busquen en Google, es fácil encontrar que la salmonela no sobrevive los 70 grados Celsius. Así que si van a poner el pollo en una plancha caliente, en un horno encendido o en agua hirviendo, no hay manera de que la bacteria sobreviva. El departamento de agricultura estadounidense estableció en un comunicado de prensa de 2019, que las personas se ponen en riesgo al lavar la carne cruda de pollo. Recomienda cocinarla a término. Por otro lado, también sugiere que se preparen todas lar verduras que se comerán crudas antes de manipular dicha carne cruda, para evitar contaminarlas.
La información ayuda a combatir costumbres riesgosas o sin sentido. Darle elementos a las personas para que evalúen sus actos y decidan cómo proceder es un buen mecanismo de cambio. Erradicar las mañas y las trampas de los políticos se ve bastante más cuesta arriba, porque les reditúan: aumenta su reconocimiento y difícilmente los castigan. ¿Estamos indefensos? Cuando uno se para solo frente al mar, como el monje de Caspar Friedrich, se siente ínfimo, es cierto, pero hemos cruzado océanos: basta construir barcos sólidos que resistan los embates de los mares de inmundicia. ¡Que hacer trampa les cueste caro! La impunidad y la sombra del caudillo es la que permite que actúen como los dueños del balón.
Twitter: @munozoliveira