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Opinión

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Mujeres con dinero

Al decidirse a separar una parte de su gasto cotidiano, estas mujeres tomarán otro tipo de decisiones.

En el mundo de la pobreza podemos hablar de mujeres sin dinero, mujeres con dinero y mujeres con deudas. Todas ellas pobres, con escasísimos recursos, tienen un manejo diferente del dinero.

Mujeres sin dinero, aquellas que cada día dudan de si les alcanza para su gasto diario; llega el fin de semana y la reducida cantidad de dinero que recibieron del marido ya no existe. Mujeres con dinero, igualmente cada día dudan de si les alcanza para su gasto diario y el viernes encuentran vacío el bote donde lo guardan. Pero estas mujeres separan una mínima parte y la ahorran. Semana tras semana se abrochan el cinturón y llueve o truene, se deshacen de unos cuantos pesos. Pero ¿dónde lo ahorran? Más adelante lo veremos. Vale entonces hablar de mujeres con deudas. Tan pobres como las dos primeras, pero para éstas ni el ahorro, ni el dinero es su fuerte. Son fuertes en deudas y son todavía más vulnerables. Muchas veces deben aquí, allá y acullá. De entre estos tipos de mujeres en condiciones de pobreza y aun, de miseria, la más vulnerable de todas es la endeudada. Con ingresos mínimos e inseguros, vive para pagar deudas.

Las mujeres con dinero, estructuralmente tan vulnerables como los otros dos tipos, han tomado un camino que les da ciertas esperanzas para enfrentar mejor la vida. Cuentan con una mínima seguridad económica, gracias a ese ahorro y las relaciones al interior del hogar se modifican positivamente. Al decidirse a separar unos pesos de su gasto cotidiano, tomarán otras decisiones: para qué retirar su poco o mucho ahorro y cuándo hacerlo. Un nuevo ámbito de libertad del que carecían y una nueva oportunidad por un uso más racional y planeado del dinero.

Ahora bien, dónde encontramos a esas mujeres con dinero. Viven en comunidades donde hay pequeños grupos informales de ahorro y cooperativas locales legales próximas a ellas, que han ido entendiendo que las mujeres son las administradoras de los hogares y, como bien explica Lucía Bazán en La monetización de la pobreza, la aportación femenina a las finanzas domésticas es indiscutible: responsables del gasto cotidiano, de la educación de los hijos, de su salud, de la alimentación, de los animales y a veces, hasta del marido.

En una reciente reunión de instituciones que promueven el ahorro entre la población vulnerable se dio cuenta de que 75% o más de sus ahorradores son mujeres, ahorran con más frecuencia y son más disciplinadas que los hombres; además, muestran una sagacidad y flexibilidad para administrar sus escasos recursos.

La propuesta de reforma a leyes relacionadas con las entidades financieras populares se arriesga a perder esta cada vez más arraigada tradición de ahorrar en grupos o en cooperativas locales. El riesgo es convertir a mujeres con dinero en mujeres sin dinero, al impedirles ahorrar y enfrentar con más dignidad su frágil existencia. Un paso para disminuir la pobreza, la exclusión y la desigualdad es lograr que existan miles de mujeres con dinero, sagaces y decididas ante un futuro amenazante e incierto. La ley debe estimular estas instituciones, no inhibirlas.

*Experto en microfinanzas y coordinador de Cosechando Juntos lo Sembrado SC.

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