Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Los equipos de espionaje de Calderón

A la literatura y al cine debemos nuestros imaginarios y percepciones acerca del mundo del espionaje político. Las películas de James Bond ofrecen las versiones más superficiales, pero hay otros acercamientos desde el cine y sobre todo desde la literatura acerca de lo que es y puede llegar a ser el espionaje político al servicio del poder.

A pesar de que George Orwell no conoció los adelantos tecnológicos que existen ahora, sí intuyó el sentido intrusivo, invasivo y el riesgo para la libertad individual y de expresión que constituye el espionaje político. Supongo que pocos discutirán que su novela 1984 (escrita en 1948) anticipa el mundo de híper vigilancia y control que tenemos en este momento, así como el mundo opresivo e invasivo que tales herramientas ofrecen al poder en turno.

El mundo donde la mayoría (o toda) la población puede ser vigilada a través ya no de los ojos de espías del régimen en turno, sino a través de los ojos vigilantes del Gran Hermano no son una fantasía; son una realidad, no solo en las naciones desarrolladas sino en nuestro país.

Así lo dejan en claro la publicación de los contratos que el gobierno de Felipe Calderón asignó de manera directa, a través de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a la empresa Security Tracking Devices entre marzo de 2011 y marzo de 2012, según información divulgada por El Universal.

Gracias a la tecnología y el software comprado por la Sedena, ésta puede intervenir conversaciones de teléfonos móviles, acceder y extraer mensajes de textos (SMS), intervenir correos electrónicos, listas de contactos y fotografías de los usuarios de teléfonos móviles.

Y algo que hasta ahora parecería de ciencia ficción: los equipos de espionaje comprados por la Sedena permiten activar de manera remota la cámara fotográfica y el micrófono del teléfono celular deseado. Se puede además tener la ubicación de la persona espiada mediante el GPS de su teléfono móvil, o detener el funcionamiento si se desea. Los contratos de la Sedena revelan al detalle las posibilidades de espionaje, pues se especifica que se adquirió tecnología para intervenir los mensajes de texto de los teléfonos BlackBerry, a los iPhones o a los móviles equipados con sistema Android.

¿A dónde llegó todo este equipo? Todos esos juguetitos de espionaje tuvieron dos destinos, de acuerdo con la nota de El Universal: Dirección General de Administración y la Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Según fuentes militares, los equipos asignados a la primera instancia, se usan para tareas de espionaje político , cuando históricamente esta labor la lleva a cabo la Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa Nacional.

Queda, además, el aspecto turbio y dudoso de contratos por ¡cinco mil millones de pesos! asignados de manera directa a una empresa cuyo domicilio fiscal está en medio de casas de interés social.

Se trata, sin duda, de uno de los grandes contratos de la Sedena en el sexenio, y se contraen justo en año electoral y justo al final de la administración de Calderón. Se dirá que el propósito era fortalecer el equipamiento del espionaje tecnológico en esta guerra en contra del crimen organizado, pero todo apunta a labores de espionaje político de gran envergadura, por la dimensión del equipo adquirido y su posibilidad de intervenir y procesar comunicaciones en grandes cantidades.

¿Cabe la posibilidad de que ese equipo de espionaje político se esté usando para vigilancia de políticos profesionales pero sobre todo en contra de disidentes políticos? ¿Qué gracias a dicha tecnología se piense que se puede intervenir las comunicaciones de los activistas y luchadores sociales que impugnan al sistema político?

Si juzgamos por los antecedentes históricos, no hay duda de que los equipos de espionaje de Calderón están siendo utilizados de esta forma, violando así libertades civiles y el derecho político a la libertad de expresión.

Es una evidencia más no solo de la pesadilla orwelliana que ya vivimos con la vigilancia de las videocámaras, con el perfil que se puede hacer de las personas a partir de intervenir su computadora personal, y ahora a partir de esta tecnología que puede robar desde el mensaje de texto a la pareja, hasta el documento político de un movimiento popular. Esto no es una democracia, es un estado de excepción, como bien lo describe el filósofo italiano Giorgio Agamben.

rubenmartinmartin@gmail.com

Twitter: @rmartin1011

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas