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Los derechos humanos ?son para los tranzas
Un lector me reprendió por mi artículo del pasado martes en el que abordé, no el divorcio de Maude Versini y Arturo Montiel, sino la reticencia de éste de permitirle a la que fuera su cónyuge tener contacto y convivir con los tres hijos que procrearon. El molesto crítico del Internet me llamó metiche por escribir en un medio masivo sobre un evento que corresponde a la vida privada de alguien que ocupó un cargo público durante un tiempo de su vida -sin duda, el más productivo en términos económicos-, pero que de regreso a la vida, digamos civil o empresarial, tiene derecho a la intimidad y a manejar sus desavenencias maritales de la manera que mejor le convenga. (Le faltó agregar a mi enardecido detractor que cualquier pareja tiene derecho a manejar sus desavenencias de la forma que mejor convenga a cada uno de ellos siempre y cuando sean respetados los derechos del otro).
La misiva del susodicho lector que, seguramente, dedica todo su tiempo libre a enviar indignadas notas de protesta a las metichonas revistas de espectáculos que hacen público lo que unos calzones matapasiones harían privado, y que coadyuvan a hacer masivo lo íntimo, es una oportunidad para desahogar, en la persona del exgobernador del Estado de México, toda la bilis acumulada por la más reciente frustración futbolística.
Además, aquí entre nos, con la Decepción Nacional de Futbol siempre tendré tiempo de renovar un romance que se basa en la esperanza; en cambio, Montiel Rojas me parece más pesado que un sixpack de botellones de Electropura, a pesar de su falsa sonrisa, por la que se hizo ganador de la placa del año.
Breve historia
Y, ya encarrerado el textoservidor: me vale madre el lector criticón que ni siquiera dio su nombre. Lo anterior tampoco significa que voy a escribir un libelo donde ponga al descubierto las trapacerías de las que el antecesor de Peña Nieto -en la política; en cuestiones genealógicas soy ignorante- se ha valido para escamotearle a Maude Versini, la francesa con la que estuvo casado cinco años, la posibilidad de ver a los tres hijos que procrearon y de cómo ha retenido a éstos consigo, violando el Código de Procedimientos Civiles del Estado de México y, sobre todo, el derecho de los niños a la plena participación a la vida familiar. Derecho éste que mi crítico debería examinar con la finalidad de darle su dimensión exacta, mucho más allá del derecho a que nadie hable de tus nalgas aunque te quites los calzones.
Si alguien a estas alturas piensa que estoy desvariando, tiene razón. Yo cuando me descabrono envario y me da dislexía.. Pero bueno, tal como lo expresé en mi anterior colaboración, el tema me interesa y le he dado seguimiento a través de las notas periodísticas de Sanjuana Martínez, Jenaro Villamil, Alberto Tavira y Anne Marie Mergier.
Por ellos supe que fue en el 2007 -entonces, a Montiel ya se lo había cargado el payaso y al payaso también- cuando el matrimonio Montiel-Versini inició los trámites de su divorcio en Francia. De manera civilizada, la pareja llegó a un acuerdo: Maude decidió quedarse a vivir en París, Arturo regresó a México. Según lo convenido y lo conveniente, los niños se quedarían a vivir con su madre.
Se estipuló que los infantes pasarían las vacaciones con papá.
Don Arturo manifestó a su excónyuge que le gustaría que los chiquillos siguieran practicando el español, por lo cual sugirió que éstos tuvieran nanas mexicanas.
La señora Maude estuvo de acuerdo en lo de las nanas. Le interesaba que sus hijos siguieran hablando español como su padre. (Aquí debió decirle al licenciado Montiel que si su deseo de comunicarse con los chamacos en español era real, se imponía que él tomara unas lecciones de dicción para que los niños lo entendieran).
En diciembre del 2011, en plenas vacaciones, el mañoso licenciado Montiel, usando el testimonio de las nanas-maestras de español, quienes atestiguaron que la señora Versini golpeaba y maltrataba a los hijos de ambos, provoca que Montiel Rojas, de manera unilateral, decidiera no devolver a los niños. El 18 de enero del 2012, Maude Versini acusa a Montiel de lograr la custodia provisional de los hijos por medio de maniobras ilegales y el apoyo de autoridades incondicionales.
Así han pasado 22 meses, 630 días en los que una madre con desesperación busca a sus hijos. En instancias de justicia tanto en México como en Francia, le han dado la razón: la custodia de los niños le pertenece a la madre. Pero siempre se atraviesa algo, alguien, un amparo, una chicana, un expediente con vicios.. La mano negra del cacique mexiquense.
¿Qué busca Arturo Montiel al no ceder y no permitir que sus hijos vean a su madre? Busca demostrar -¿a quién? y ¿por qué?- que él tiene el poder. ¿El poder? Sí, el poder de morir, poco a poco, de puro encono, al tiempo que Dios lo castiga viendo a sus hijos crecer, sólo por su soberbia, desguarecidos de amor de madre.. ¡Qué lástima me da!