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Las pifias aéreas que sí se ven
El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) es apenas uno de los tantos fracasos de políticas públicas de este gobierno que está a un año y cinco días de terminar, pero es uno de los que hoy ya dejan ver la magnitud de la pifia sin necesidad de reservar la información con el pretexto de la “seguridad nacional”.
Ya le llegará el momento de mostrar el tamaño del despropósito de hacer una refinería en los pantanos de Tabasco, zona inundable y lejana de los centros de consumo; ya tendrá también su oportunidad de quedar al descubierto la mala decisión de construir un tren a la mitad de la selva.
Pero, por ahora, el que cumple con todos y cada uno de los anticipos de que sería un fracaso rotundo es esa terminal aérea construida en una lejana base militar en Zumpango, Estado de México.
El poder presidencial implica el acceso a los recursos presupuestales, y el descomunal carisma del presidente Andrés Manuel López Obrador le permite usar esos recursos sin cuestionamientos ni posibles auditorías sobre la pertinencia o transparencia.
Sin esa idolatría a López Obrador ni el AIFA, ni muchas otras obras faraónicas, habrían sido posibles.
Ese desolado aeropuerto, que se construyó sin proyectos financieros, comerciales e incluso de diseño del espacio aéreo, hoy tiene que vivir del presupuesto y eso se nota.
Para una gran mayoría de ciudadanos no significa mucho decir que el AIFA habrá de recibir una transferencia presupuestal para el 2024 de 1,500 millones de pesos. Puede empezar a tener significado cuando se descubre que es el mismo monto que habrá de recibir el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
El lejano aeropuerto en Santa Lucía moviliza apenas 4% de los pasajeros del aeropuerto de la Ciudad de México. Y los 40 millones de usuarios que atenderá el AICM este año notarán que se está cayendo, literalmente, a pedazos.
La Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA) del AICM se desvía para el pago de la enorme deuda que generó la cancelación del que hoy sería el mejor aeropuerto de América Latina, el de Texcoco.
Entonces, sin recursos de la TUA y con un presupuesto tan bajo, parecería haber una clara intención de asfixiar a la terminal actual para forzar a aerolíneas y pasajeros a tener que viajar hasta la lejanísima central avionera de Zumpango, porque así se decidió por el capricho unipersonal del carismático líder.
El corte militar del trato a los pasajeros es otra historia en el AICM, pero el nivel de deterioro que tiene es algo que no se había visto nunca antes en la terminal aérea de la capital mexicana.
La futura limitación de operaciones en poco más de tres meses va a afectar los precios y por lo tanto a los que menos recursos tienen para viajar.
Son inauditables las decisiones de López Obrador y él no tiene margen de corrección. Una extensión de su mandato, con el uso de una tercera persona, haría incorregibles estas pifias aéreas.
Lo que sí está claro es que no hay manera de que la historia no consigne todas las decisiones de López Obrador en materia de aviación comercial como uno de los grandes errores de la historia de México.