Buscar
Opinión

Lectura 6:00 min

Las nuevas heroínas (y feminizar no es insultante)

Antes no existían. No cuando yo era niño, y eso no es hace tanto tiempo. Había héroes, a montones, pero ¿heroínas? Salvo la Mujer Maravilla de los cómics, todos eran hombres.

(A manera de paréntesis sociológico diré lo siguiente: También era una costumbre en mi primaria que los niños nos insultáramos unos a otros diciéndonos niñas o feminizando alguna palabra que nos describiera. Como en Eres una chillona )

Eran las épocas en que no existían todas esas cosas a las que ahora, respetuosamente, llamamos por sus iniciales, como los DVD’s y los Mp3, pero la historia ya nos había puesto ejemplos a personas como Sor Juana Inés de Cruz, Juana de Arco, Leona Vicario, Marie Curie y, en el extremo de las antiheroínas hasta a Calamita Jane (muchas Juanas vienen a la mente), pero la ficción era un terreno en el que estas semillas no parecían fructificar, al menos no mucho.

Con Tom Sawyer o Huck Finn, con los piratas de Salgari o las deducciones de Sherlock Holmes (ups, puras antiguallas, pero sepan que tampoco eran novedades cuando yo las leía), el pequeño Nicolás, Asterix y Obélix, los personajes femeninos tenían apenas la función de impulsar al héroe a ser aun más imprudente de lo que ya era por naturaleza.

Afortunadamente ya corren otros tiempos y, afortunadamente también, no he crecido lo suficiente como para que me deje de gustar (apasionar, más bien) la literatura juvenil y puedo disfrutar de esta nueva época en que los personajes femeninos toman una parte muy activa en, valga la redundancia, la acción.

(Afortunadamente, otro paréntesis sociológico, cuando a mis hijos se les ocurre que lo femenino es insultante su mamá los pone como chanclos, lo que es mucho peor que ponerlos como chanclas.)

Las pioneras de Pullman

Ignoro si fue realmente la primera, pero para mí Lyra Lenguadeplata fue la revelación de que los vientos estaban cambiando de dirección.

Este personaje de Philip Pullman es una niña a punto de entrar a la adolescencia que pelea con las máximas autoridades de este y otros varios mundos.

La trilogía que comienza con La brújula dorada o Luces del norte (recibe ambos nombres en español) es una exagerada delicia.

Pero Pullman, que debe ser androfóbico, tiene más heroínas, como las muy simpáticas y de todas las edades que aparecen El conde Karlstein. El tipo ya es todo un clásico contemporáneo.

Las sirenas de Golding

Estas sirenas no tienen cola de pez ni bellas facciones, su canto no es melodioso sino estridente, tampoco son los manatís que (se dice) vio Colón. Pero sí matan marineros.

Por suerte está Connie, una chica con dificultades para adaptarse al mundo de los seres humanos pero que se lleva de maravilla con los animales de hecho puede hablar con ellos.

Lo que Connie no sabe es que sus facultades lingüísticas pueden llevarla a conocer a algunas criaturas que según nosotros no existen más que en los mitos antiguos.

El mundo de Golding, que a fin de cuentas es el nuestro pero con presencias que ya no sabemos reconocer, quizá no es tan fascinante como el de Pullman o (cómo evitarla hablando de literatura juvenil si además tiene a Hermione) Rowling, pero sin duda vale la pena.

La (muy) joven mexicana

En este caso tenemos a tres heroínas.

Primera, la autora, Andrea Chapela, que a sus 20 años acaba de publicar la segunda entrega, El creador, de una tetralogía de esas con las que uno se pica. Aún no he leído, la nueva, pero La heredera me dejó en ascuas.

Segunda, Nannerl, cuyas aventuras (que en realidad son más bien desventuras) en un mundo fantástico llamado Vaudiz son las que producen esa picazón y las ascuas.

Tercera, Irene, alter ego de Chapela y supuesta creadora, en su mente, de Vaudiz. Es bastante más sosa que las dos anteriores.

Hay que decirlo: como texto, La heredera no es muy bueno, pero tampoco es malo y en definitiva es atractivo y adictivo, pero de pronto se siente inmaduro Hey, qué esperabas. La autora tiene 20 años.

Para el futuro cercano

En realidad estoy hablando de un futuro muy muy cercano y de una distancia que en este momento, que estoy en la oficina, me parece lejanísima, pero que cuando me dispongo a leer es también cercanísima, pues comentaré de dos libros que me esperan en mi mesa de noche.

Flavia de los extraños talentos, de Alan Bradley, que se promueve como el mejor libro del año en amazon.com . El más vendido es en realidad The Sweetness at the Bottom of the Pie, que es el mismo libro (salvo en su título) que fue traducido (salvo el títuloI) al español por la editorial Planeta.

No quiero decir mucho sobre este libro, no sólo porque no lo he terminado sino porque en lugar de escribirles a ustedes lo que quiero hacer es irme a leerlo Sólo les diré que Flavia es encantadora y muy divertida, y el libro, hasta ahora, promete ser uno de los mejores de la gran tradición inglesa de novelas de detectives (y miren que estoy muy consciente de que eso es mucho decir).

El otro libro que promete maravillas es La insurgenta, de Carlos Pascual. Es sobre Leona Vicario y sólo he podido leer lo suficiente como para saber que, acabando el anterior, es mi próxima lectura obligatoria.

Epílogo apresurado

Insisto: ya me quiero ir a leer. Pero antes de dejarlos, les diré que estoy consciente de que me faltaron muchas heroínas por mencionar. Empezando por la Alicia de Lewis Carrol, que tiene ahora un revival gracias a Tim Burton, y acabando con Lizbeth Salander, la protagonista de la trilogía Millenium de Stieg Larsson misma que tampoco he leído.

Ni una palabra más. Los dejo. Tengo cosas que leer.

(Para dar fin a los paréntesis sociológicos supongo que todo esto significa que de alguna el machismo ha retrocedido algunos pasos... sobre todo entre los jóvenes anglosajones que son unos lectores muy voraces.)

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas