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Opinión

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La suerte de los Kaczynski

"La geopolítica polaca gira alrededor de Rusia y Alemania, y la estrategia es el enaltecimiento del nacionalismo”.

Cracovia. Un accidente aéreo atravesó el espectro político polaco detonando la polarización social en un momento en que las redes aún no se convertían en máquinas trituradoras de la tolerancia.

Ocurrió en el 2008, y en la nave TU-154 de la Fuerza Aérea de Polonia viajaban el pre- sidente Lech Kaczynski, su esposa, el gobernador del Banco Nacional de Polonia, el jefe del Ejército polaco y el viceministro de Relaciones Exteriores, entre los 89 pasajeros de la delegación polaca y siete miembros de la tripulación. Todos murieron. Para algunos, la caída del avión no fue un suceso fortuito, se trató de la resultante de un acto de sabotaje planeado por Rusia. Para otros, fue la consecuencia de una advertencia no atendida por el presidente Kaczynski, quien de manera frecuente, se rehusaba a comprender y asimilar las recomendaciones que le hacían los pilotos de no volar cuando las condiciones climatológicas eran adversas. Esa noche, la del sábado 10 de abril del 2008 una densa neblina contribuyó a derribar el avión en la base aérea de Smolensk.

Donald Tusk, hoy presidente del Consejo Europeo, quien se desempeñaba en ese momento como primer ministro de Polonia, nunca manifestó de manera pública el mínimo cuestionamiento sobre el escenario del accidente.

Polonia vivía una cohabitación política, mientras que el presidente pertenecía al partido Ley y Justicia (PiS, por sus sigla en polaco), el primer ministro era miembro de Plataforma Cívica.

Lech Kaczynski, al ser enterrado en la catedral de Cracovia, lugar en el que se encuentran sepultados los principales héroes de la historia polaca, levantó protestas entre algunos sectores de la sociedad que entendieron que el santuario es el símbolo del máximo poder político del país.

Han pasado 10 años y, al parecer, la polarización no ha cesado, por el contrario, ha sido atizada al calor de las infernales redes sociales.

Donald Tusk y Jaroslaw Kaczynski (ex primer ministro, actualmente presidente del partido conservador Paz y Justicia, hermano de Lech y, sin duda, el político con mayor poder en el país), han trasladado su batalla ideológica al ajedrez geoestratégico de la Unión Europea: mientras que Jaroslaw Kaczynski desea que Europa no trate a Polonia como un país marginal del club, Tusk les recuerda a sus viejos enemigos políticos del PiS, que algunas de sus políticas domésticas contradicen el espíritu del ente supranacional.

Una de ellas es la reforma del Poder Judicial con la que el gobierno intenta disminuir la edad de jubilación de los jueces de 70 a 65 años, lo que tendría un impacto a más de las dos terceras partes de los magistrados de la Corte Suprema (27 de los 72 jueces).

Algunos funcionarios del actual gobierno aseguran que el sistema judicial se ha convertido en una zona de confort para muchos jueces que permanecen en sus puestos desde la época de la Guerra Fría siendo los ciudadanos los principales perjudicados al ver atascadas las soluciones de sus procesos. La contraparte asegura que la Comisión Europea tiene razón al señalar al gobierno como injerencista en el Poder Judicial.

La Comisión Europea decidió enviar el caso al Tribunal comunitario para que, de acuerdo con los principios legales comunitarios, decida si Polonia tiene que desmontar la ley de jubilaciones.

Trump y Reagan

El primer país europeo que visitó el presidente Trump fue Polonia. Lo hizo en julio del 2017 justo en el momento en el que el estadounidense detonaba una batalla ideológica frente a Angela Merkel. Trump se presentó en el Monumento a la Insurrección de Varsovia, un espacio con elevado contenido simbólico, ya que entre el 1 de agosto y 2 de octubre de 1944, tuvo lugar la rebelión civil más importante contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. “Así como Polonia no pudo ser quebrada (...) Occidente nunca será quebrado”, dijo Trump entre aplausos. También habló sobre las fronteras, la migración y el fundamentalismo islámico, justo los ejes temáticos de Merkel.

Para algunos polacos con los que he charlado en Varsovia, Donald Trump es parecido a Ronald Reagan.

Polonia no tiene como vecino a Estados Unidos pero sí a dos grandes naciones como son Rusia y Alemania. Frente al primero, el deseo del gobierno polaco es que soldados estadounidenses de la OTAN resguarden su frontera; y sobre Merkel, le piden a Tusk que no se someta a sus dictados.

La geopolítica polaca gira alrededor de Rusia y Alemania, y la estrategia es el enaltecimiento del nacionalismo.

Trump desea el debilitamiento de la Unión Europea y Estados Unidos trata de contener a Rusia.

La mala suerte de Lech. La buena suerte de Jaroslaw. Los gemelos Kaczynski.

@faustopretelin

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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