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Opinión

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La salud de AMLO

El contagio por Covid-19 del presidente López Obrador anunciado el domingo pasado levantó una serie de dudas respecto a la capacidad del primer mandatario de seguir en funciones, principalmente durante las primeras horas posteriores al anuncio. Los temores por sus problemas cardíacos y un manejo confuso del incidente ocurrido en Mérida alentaron toda serie de conjeturas.

Y es que en el tema de la salud presidencial no hay forma de intentar realizar un control de daños una vez que los síntomas de la enfermedad se han hecho públicos. Tratar de minimizar el evento o dilatar la información, dan rienda suelta a toda una serie de especulaciones y rumores principalmente por parte de aquellos que quieren adelantar un beneficio político del efecto de un posible desenlace negativo del padecimiento.

Es por ello que en el tema de la salud de un primer mandatario, la  información precisa y oportuna es vital para no convertir crisis temporales y manejables en bolas de nieve sin control alguno. El problema de Andrés Manuel es que habiendo padecido Covid anteriormente un par de veces, aunado a su hipertensión y problema cardiaco, la falta de una estrategia de comunicación adecuada agrava el manejo de una crisis política propia de la ausencia en funciones del presidente de la República.

En regímenes totalitarios como los de la Unión Soviética de Stalin, la Norcorea de los Kim, o la China de Mao y sus sucesores, la salud del líder es secreto de Estado y su enfermedad es tratada como algo a informar únicamente cuando ya ha fallecido y la sucesión ha sido acordada por la clase política compacta, propia de este tipo de modelos políticos.

Pero en una democracia representativa el manejo transparente de un tema como la salud del presidente es fundamental para permitir despejar rumores e intrigas o en su caso, facilitar a las instituciones el echar a andar los mecanismos legales que permitan procesar una crisis producto de la ausencia temporal o permanente del primer mandatario.

A nadie conviene un clima de incertidumbre prolongada, ni mucho menos un vacío de poder. Las instituciones que han sido dañadas durante estos últimos años a causa de una excesiva concentración de poder en el Ejecutivo, están obligadas hoy a reaccionar de manera tal que permitan procesar de manera adecuada una situación como la que estamos viviendo.

Estamos a un par de meses de iniciar el proceso electoral 2024, y resulta de vital importancia contar con un  primer mandatario en funciones y plenamente responsable de decisiones que tienen que ver con la definición de la candidatura presidencial de su partido y de la manera como el aparato de Estado se comportará en la contienda.

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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