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Opinión

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La otra cara del asistencialismo

México: un país rico, lleno de pobres.

Para comprender la cultura de donación en México basta recordar un poco nuestra historia, remontándonos a los tiempos de la conquista y reiterándola en el feudalismo, el virreinato, la independencia, la revolución... Ecuación constante con dos grandes variables: un represor y muchos sometidos. ¿Aquí qué rol juega la empresa?

Los derechos humanos, lamentablemente, hoy, en pleno siglo XXI, siguen siendo profundamente violentados y, aunque esto pareciera ser la causa de la situación actual en México, podría deberse también a la consecuencia de que tanto el gobierno como la empresa, e incluso los sindicatos, vayan por diferentes caminos. Ante esta situación los más afectados tienden a ser los más vulnerables.

Por lo tanto, el reto asistencial tiende a ser incluso mayor, pues los mexicanos nacemos ya con un hándicap tatuado en nuestra historia. Sin embargo, si empezamos a hablar de sostenibilidad, la empresa representa una variable nueva que puede redefinir el resultado de dicha ecuación.

Ante un Estado fallido una empresa puede: o aprovecharse de las cuarteaduras y terminar de destruir destruyéndose, u ofrecer trabajo digno y responsable, el cual integre en su cadena de valor, puede hacer política pública e influir y construir positivamente. Los indicadores económicos de las principales empresas públicas nos continúan demostrando que hacer las cosas bien termina siendo el mejor negocio.

En México, un país en donde coexisten 53 millones de pobres con 12 millones de personas que concentran 64% de las riquezas del país, la visión al desarrollo, más que concentrarse en luchar únicamente contra la pobreza, implica más bien trabajar para disminuir la tremenda desigualdad que nos caracteriza.

Pareciera que son pocos los gobiernos que se atreven a terminar con la cultura de donación para empezar a hablar de desarrollo, ya que los resultados difícilmente se perciben en menos de seis años. Las empresas, en cambio, están llamadas a trascender los tiempos y volverse rentables, sostenibles, alineándose e integrándose al desarrollo global.

Naciones Unidas presenta un modelo de gestión empresarial basado en principios, un Pacto Mundial hacia el desarrollo. Si a las personas se nos debe educar y formar en valores, y legalidad, cuánto más a una empresa.

Una red de aprendizaje y diálogo, no con empresas perfectas pues no existiría ninguna, sino con empresarios abiertos a compartir casos de éxito, pero también sus retos. Una empresa que sólo culpa no construye; en cambio, aquella que opera responsablemente bajo la congruencia de principios, más que obtener cualquier distintivo, se convierte en un actor y agente de cambio, que acerca un poco más a México a lo que está llamado a ser.

En México hay recursos y para todos, ahora el reto es que sean distribuidos equitativamente. No seamos esas personas que dan el pez a los necesitados, hay que enseñarles a pescar, fomentemos la cultura del desarrollo sostenible que a la larga tiene frutos mucho mayores que la mera filantropía.

* Coordinador del Pacto Mundial en México.

Twitter: @PactoMundialMex

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