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Opinión

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La imagen del PRI en EU

Estamos a menos de 23 meses de la elección presidencial en México, y en la ciudad de Washington, capital de Estados Unidos en la que resido, se empiezan a escuchar con creciente frecuencia preguntas sobre cómo sería la relación bilateral en la eventualidad de que el PRI regrese a la Presidencia.

Con la excepción de un puñado de auténticos expertos que sí entienden los asuntos mexicanos, la gran mayoría de los estadounidenses, incluidos sus funcionarios, académicos y empresarios prominentes, tienen una imagen caricaturesca de lo que pasa en nuestro país.

Y la caricatura que invariablemente acompaña a la mención del PRI en EU es la del partido que gobernó México autocrática y corruptamente durante 71 años . Como toda frase publicitaria que se reitera en incontables ocasiones por muchos años, ésta se ha vuelto parte integral de la imagen del PRI en EU.

Tal situación no hubiera tenido importancia en la época en que la globalización era menos intensa y había forma de controlar la información que fluía de fuera del país, pero ciertamente ese ya no es el caso, y con frecuencia las noticias u opiniones generadas en el extranjero viajan de regreso a México magnificadas.

En adición, el crecido número de mexicanos que vive en Estados Unidos, que nadie sabe a ciencia cierta cuántos son pero que se estima en millones, ha hecho obligatorio desde hace dos décadas hacer campaña política en las áreas de mayor concentración como Los Ángeles, Chicago y Nueva York.

Por su parte, prominentes funcionarios a cargo de seguridad nacional del gobierno de Barack Obama expresan su preocupación sobre cuál sería la política de México respecto de la guerra contra las drogas , de regresar el PRI a Los Pinos y si habría un cambio radical a ese respecto.

Es por ello que, a mi juicio, el PRI debe incorporar en su estrategia de campaña para el 2012 un esfuerzo importante por cambiar su imagen en Estados Unidos y aportar definiciones sobre la relación bilateral que propone, que permitan también neutralizar la rancia narrativa de autoritarismo y corrupción.

Ello plantea un reto fundamental al PRI que consiste en la imperiosa necesitad de definir una bien planteada plataforma ideológica y programática que precise su visión del país al que aspira gobernar, las metas que pretende alcanzar y los medios por los que propone hacerlo.

Hace 10 años, cuando el PRI ya iba de salida del gobierno, escribí en esta misma columna dos artículos sobre el Nacionalismo Revolucionario, enunciado que pretendía caracterizar la ideología del PRI y que en los hechos no pasaba de ser una frase hueca que significó lo que cada Presidente en turno quiso.

Una rápida revisión de los avatares ideológicos del PRI desde su fundación en los años 30 del siglo pasado muestra que el dichoso Nacionalismo Revolucionario se usó lo mismo para justificar las aventuras socialistas de Lázaro Cárdenas que para sustentar el liberalismo social de Carlos Salinas.

En estricto sentido, mientras se mantuvo en el poder, el PRI no fue un partido político sino una maquinaria electoral de un peculiar sistema de gobierno que dotaba al Presidente en turno de amplios poderes, que incluían la designación de su sucesor y la definición ideológica de su administración.

Es por ello que los buenos intentos que se hicieron en varios momentos de esa época por delinear una plataforma ideológica fracasaron, como cuando don Jesús Reyes Heroles, al frente del PRI, anunció que primero vendría el programa y después el hombre , en camino a la elección presidencial de 1976.

Desde que el PRI ha estado fuera de la Presidencia tampoco ha logrado delinear una plataforma ideológica sólida y propositiva, sino que se ha definido en buena medida por su oposición a los planteamientos de los gobiernos panistas, muchos de los que también fueron formulados por administraciones priístas.

De frente a la elección del 2012 creo que el PRI realmente debe definir concretamente cómo pretende encarar los gravísimos problemas que enfrenta México, y debe hacerlo antes de proceder a la selección de su candidato presidencial, como proponía Reyes Heroles. Una buena plataforma ideológica y un sólido plan de gobierno son las piezas esenciales no sólo para que el PRI aspire a retomar la Presidencia de México, sino también para la ineludible campaña que se requiere en Estados Unidos para derrumbar la tan repetida historia de su autoritarismo y corrupción.

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