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Opinión

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La invasión y el evasivo AMLO

Desde cualquier punto de vista, la invasión de Rusia a Ucrania es reprobable e injustificada. Previsible, sí, pero no justificable. Aquellos que señalan que la culpa es de Estados Unidos por el avance de la OTAN hacia el este de Europa, violando acuerdos entre las dos potencias, están justificando varias cosas censurables: primero, que se vale que las potencias (Rusia, Estados Unidos y China, principalmente) se repartan el mundo como se les antoje y hagan acuerdos supranacionales. Sé que suena enormemente inocente señalar que sus acuerdos no son obligatorios para los gobiernos electos de los demás países, pero al menos en el derecho internacional, así es. 

Segundo, decir que Rusia está actuando para proteger sus fronteras, es decir, atribuyendo una razón de Estado, nos llevaría, inevitablemente, a justificar las atrocidades yanquis en Granada, Panamá, Irak, Somalia, Afganistán, Sudán, Yugoslavia, Pakistán, Yemen y Libia, muchas de ellas con la bendición de la ONU, en capítulos más bien censurables de esta organización, y otras por sus pistolas aduciendo “razones” débiles o falsas. Así, justificar al buleador del otro barrio, es justificar al de nuestro barrio. Los dos son criticables por tantas y tantas cosas. La diferencia de reacciones se debe a varias causas: abusar de africanos, “árabes” o latinoamericanos es menos grave para el mundo europeo y anglosajón, es decir, para el mainstream informativo. Lo dijo claramente un ministro europeo al recibir con “los brazos abiertos” a los ucranianos: por Dios, se trata de europeos, gente educada e inteligente. Y sí, hay clases entre los refugiados, los latinoamericanos, africanos y “árabes” estorbamos, los europeos enriquecen. Eso es lo que nos están diciendo a la cara. 

Que un burócrata europeo lo diga ya no es extraño, pero que el presidente López diga que ucranianos y rusos serán recibidos con los brazos abiertos mientras se rompen récords en la deportación de centroamericanos y haitianos revela su confusión y la falta de una política clara. Dice el mandatario que no es lo mismo, que unos vienen de una guerra y los otros no. ¿Qué supone que son las condiciones de violencia, hambre y falta de expectativas? ¿Acaso no es una guerra interminable? Mejor que diga que recibir a unos está bien visto y los otros son una molestia para nuestro buleador del norte. 

Tercero, hay algo obvio que algunos no han entendido: Rusia no es la URSS (que, por cierto, tampoco era algo maravilloso). Es un país autoritario, donde se reprime la libertad de expresión, se encarcela a los opositores o se les mata y existe un capitalismo salvaje (sí, más salvaje que en otros lugares). Las ventajas de un país igualitario se han perdido y los derechos de mujeres y minorías son violentados cotidianamente. 

Hay que condenar las invasiones y atrocidades de las potencias, pero no porque CNN o la BBC lo digan, sino porque no se vale justificar los abusos de los poderosos y violar el derecho internacional solo porque se puede. Muchas veces el mainstream informativo ha minimizado o cerrado los ojos porque las potencias derribaron a un dictador o cometieron atrocidades contra gente pobre o que tienen distintas costumbres o religiones. Eso es hipocresía.

Debemos condenar la invasión con los ojos abiertos, es decir, sabiendo que el presidente de los Estados Unidos, el buenazo de Biden, trata de remontar su caída en popularidad y su imagen de debilidad. De paso, sacudirse a Donald Trump y creer por un rato más que sigue siendo el rey de todo el mundo en política, economía, democracia, etc. En realidad, Estados Unidos es un país en declive, excepto en el rubro de su armamento. El bully todavía puede hacer lo que le venga en gana.

En el caso de Rusia, alguien lo calificó como el país más grande del Tercer Mundo con armamento nuclear. Putin está firmando su sentencia. Difícil de creer, como dice la propaganda oficial, que el 70% de los rusos están de acuerdo con las muertes de los ucranianos, sobre todo porque también aspiran a una vida mejor y tienen lazos profundos entre ellos. Vladimir Vladimirovich está apostando a una guerra rápida y luego a una negociación como en el 2014. Esta vez, las condiciones son otras. Pagará, pero no por la invasión, sino porque cometió un error de cálculo que le costará el puesto y tal vez algo más. 

Los europeos están entre la fuerte presión de los Estados Unidos y el temor de siempre a los rusos. Con esta agresión de Putin ven el momento de reducir la amenaza. No es improbable que se dé una crisis en Rusia, que tiene las armas, pero no la economía para resistir una escalada larga. Pero incluso en Europa se han alzado las voces que señalan que no hay que meterse a luchar en esta guerra más allá de las sanciones económicas y políticas, así como el envío de armas y dinero. Estados Unidos también ha dicho que no enviará tropas. 

En este complejo panorama, AMLO se ha comportado como siempre: evasivo y rollero. Para su fortuna, el secretario Ebrard y el representante de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente, han desarrollado una buena posición al condenar la invasión rusa. Le han sacado las castañas del fuego. 

En términos mediáticos, Putin ya perdió la guerra (y no lo entiende) ante un Volodímir Zelenski que ha logrado dar un mensaje de unidad, fuerza, valentía, resistencia y hasta heroicidad. Es cierto que será difícil resistir el ataque ruso, pero quien diga que lo mediático no es importante en una guerra, se equivoca. 

Pero, bueno, qué sé yo de política internacional.

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