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Opinión

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La evaluación cuantitativa y el SNII

Hace unas semanas el diario El País publicó un artículo que lleva por título: Una megafábrica de estudios científicos falsos salpica a un vicerrector español y a tres colaboradores. Ahí se cuenta que hay tramas corruptas para publicar en revistas académicas artículos fraudulentos y otra trama para conseguir muchas citas: “Gunasekaran Manogaran proponía números especiales a centenares de revistas de las principales editoriales. La denunciante calcula que una de cada 20 revistas aceptaba. Una vez al mando de esos especiales, el equipo de Manogaran colaba estudios fraudulentos o irrelevantes, que además citaban otros trabajos previos de la trama. En ciencia, que un estudio anterior sea muy mencionado es un indicador de calidad, pero este sistema está corrompido por las trampas. En la red de Manogaran se citan unos a otros para despuntar artificialmente”.

Esto puede parecer enredo de una película poco interesante, pero no es trivial si tenemos en cuenta lo siguiente: este año la evaluación para entrar al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) fue mayoritariamente cuantitativa, es decir, para distinguir a uno y no a otra lo que tomaron en cuenta los evaluadores fue el número de artículos (también libros y capítulos) y, para medir la relevancia, el número de referencias.

El método podría ser aceptable si no supiéramos que está trucado: no solo se paga por publicar, se suman autores a un artículo para que aumente su cuenta individual y se intercambian citas para inflar la relevancia de los textos. Lo que menciona el artículo de El País es solo un botón de muestra. Cunden por las redes ofertas para publicar aquí y allá pagando, cunden ofertas de intercambiar citas ¿Cuántos investigadores entraron al SNII o subieron de nivel haciendo fraude? Como están las cosas, nunca podremos saberlo. Pero es inmoral, y hasta debe ser ilegal.

Es cierto que la cantidad de expedientes que recibe cada año el SNII es de tal magnitud que la evaluación se vuelve un asunto muy cuesta arriba. Sería interesante preguntarse si es necesaria. Todos los académicos somos evaluados cada año por la institución a la que estamos adscritos, ¿por qué desconfiar de las evaluaciones de pares de las propias instituciones?

Ya puestos, ¿por qué los académicos de las ciencias sociales y las humanidades debemos estar sometidos a competir por estímulos como el SNII y primas por desempeño que lo único que evalúan son números (el conocimiento de las ciencias “duras” se acomoda mejor al modelo), ¿cómo podríamos dedicarle tiempo a libros de largo aliento, que analicen los problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad si no son tomados en cuentas en las evaluaciones?

El conocimiento en humanidades y ciencias sociales requiere de tiempo para investigar y madurar ideas y no puede estar subyugado por indicadores cuantitativos, que, además, pueden inflarse haciendo trampa.

@munozoliveira

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L.M. Oliveira es escritor. Autor de "El mismo polvo" y "El oficio de la venganza". Es Titular A en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y El Caribe.

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