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Opinión

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La diplomacia no da votos pero sí estatura; caso Emmanuel Macron

La política exterior no da votos, pero sí incrementa la estatura política. La diplomacia no genera grupos clientelares, pero sus acciones se observan en los noticieros internacionales.

Emmanuel Macron se ha convertido en el presidente europeo con mayor interacción internacional durante este verano, una estación vinculada a las vacaciones.

Fue el primer presidente en visitar Líbano después de las explosiones del 4 de agosto que provocaron 220 muertos y más de 5,000 heridos, y es de los pocos que ha mantenido contacto en Malí, nación donde el orden constitucional fue interrumpido la semana pasada por una junta militar golpista.

El presidente de Francia y la canciller alemana Angela Merkel vieron triunfar sus propuestas en el Consejo de Europa a través de un paquete de préstamos y subsidios financieros para paliar el azote del nuevo coronavirus en las economías de los 27 miembros de la Unión Europea; las reuniones del Consejo se extendieron durante 90 horas, hubo diferencias con los países frugales (Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca) y la resultante de la negociación se traduce en 750,000 millones de euros.

Entre los imponderables que conllevan la pérdida de vidas humanas a los que Macron ha tenido que atender destaca un grupo de trabajadores humanitarios de nacionalidad francesa en Níger el 9 de agosto. Macron sostuvo una reunión de emergencia con su consejo de defensa vía remota. “Nos hemos acostumbrado a trabajar de manera remota debido al Covid-19”, comentó un asesor presidencial a Le Monde (20 de agosto).

El califa Erdogan, desde Turquía, lanzó severos ataques a Macron por haber enviado dos aviones caza y dos buques de guerra a las costas del Mediterráneo por la exploración de aguas profundas que realiza el turco frente a Grecia. “Se trató de frenar las pruebas a las que Erdogan somete a Europa de vez en cuando, y así demostró (el presidente Macron) que no somos débiles”, reveló a Le Monde Cláment Beaune, secretario de Europa y Asuntos Exteriores del gobierno francés

La política exterior suele generar múltiples lecturas. El viaje sorpresivo de Macron a Líbano fortalece los vínculos emocionales de Francia con ese país, le agrega presión al presidente libanés Michel Aoun para atender el tema de la corrupción y de la trasparencia sobre lo ocurrido en el accidente, y logra un efecto espectacular en la región frente a una debilitada presencia francesa en la crisis en Siria, Libia y en Irak, país cuya política antiterrorista podría entrar en crisis por el anuncio de Estados Unidos sobre su próximo retiro militar.

La presencia de Macron en Líbano duró menos de 20 horas y provocó que su embajador en ese país Emmanuel Bonne y su adjunta Alice Rufo suspendieran sus vacaciones súbitamente para acompañar al presidente en su recorrido por Beirut.

Al regresar a Francia, su ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, organizó en tan solo 36 horas una conferencia internacional para ayudar lo más pronto posible a Líbano con alimentos, medicinas, equipo humano y dinero. El evento se llevó a acabo el 9 de agosto y el presidente realizó varias llamadas telefónicas a líderes de estado, por ejemplo, al presidente Putin, al iraní Hassan Rohaní y al príncipe de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed Al-Nahyane.

Pocas áreas de la administración pública generan una importante cantidad de símbolos como lo hace la política exterior. Existen presidentes como Trump que la han utilizado para “fortalecer” su imagen hacia el interior. En realidad la ha endurecido, y este rasgo es muy distinto a cuando se logra fortalecer la imagen. El poder suave ha dejado de alimentar la imagen del inquilino de la Casa Blanca por decisión propia.

Macron está utilizando su política exterior para retomar los radios de influencia de Francia sabiendo que el próximo año se irá Merkel y en el 2022 habrá elecciones en Francia. Los golpes diplomáticos no generan votos, pero sí estatura.

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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