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La delicada piel del autoritario
López Obrador siempre ha tenido una piel muy delicada, cualquier ataque o crítica a su ejercicio de gobierno, por pequeña que sea, lo convierte en algo personal y tarde o temprano lo responde, pero no lo hace con argumentos, insulta y descalifica.
Tomo cuatro temas recientes para mostrar que el “método” López ha hecho escuela en sus huestes y seguidores: la denuncia de Ceci Flores en la CDMX, el asunto del obispo emérito Salvador Rangel, el tema del agua contaminada en la alcaldía Benito Juárez y, por último, la cereza en el pastel, la denuncia pública en contra de María Amparo Casar.
Ceci Flores, una madre buscadora que perdió a dos de sus hijos, vino a la CDMX en respuesta a una denuncia que recibió acerca de varios lugares donde supuestamente se encontraban restos humanos. En los límites de las Alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa denunció lo que parecía un crematorio y restos humanos y animales. La respuesta institucional pudo ser diferente, mandar un equipo de investigación que siguiera los protocolos y luego confirmar o descartar, con pruebas, lo encontrado. Pero no, el asunto se leyó como un ataque a Claudia Sheinbaum y se estigmatizó a Ceci Flores. El jefe de Gobierno Batres y López Obrador la acusaron de pertenecer al bloque conservador y llevar a cabo un montaje. No obstante, se levantaron los restos sin seguir los protocolos y el lugar sigue siendo vigilado.
El segundo caso es el del obispo emérito Salvador Rangel. En un principio se dijo que había desaparecido, luego fue encontrado drogado y se señaló la posibilidad de que fuera víctima de un secuestro exprés. Hasta ahí, un caso policíaco, pero Rangel es un hombre que ha sido uno de los principales críticos de los gobiernos de Guerrero (Evelyn Salgado) y Chilpancingo (Norma Otilia Hernández). Los ha acusado de entregar la entidad al crimen organizado. De pronto, el comisionado estatal de Seguridad Pública de Morelos, José Antonio Ortiz Guarneros, acusó que Rangel había entrado voluntariamente a un hotel con otro hombre. El viejo lenguaje de la descalificación por orientación sexual de nuevo en práctica. Otra vez resuena una fraseología que se creía superada: “él se lo buscó, por puto”. La idea era desacreditarlo.
El tercer caso raya en lo ridículo. A finales de marzo, vecinos de la alcaldía Benito Juárez en la CDMX señalaron que el agua potable (es un decir) olía mal. Durante semanas, las autoridades hicieron caso omiso de la denuncia hasta que los vecinos comenzaron a cerrar el paso en Insurgentes y Xola. En abril iniciaron las investigaciones (es un decir), se cercaron con fuerzas policíacas los pozos de la zona y se impidió el paso a las autoridades de la alcaldía Benito Juárez y Álvaro Obregón, ambas de oposición. Mientras tanto, estudios hechos por un equipo de la UAM indicaron que se encontraron, como se sospechaba, “compuestos derivados de petróleo”. En ese momento, Batres y López Obrador acusaron en la mañanera que el tema se había politizado y se estaba usando con fines de golpeteo contra el gobierno. El colmo fue cuando el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) anuncia que reservaría por tres años los documentos que contienen los resultados de las pruebas de laboratorio.
El cuarto tema viene directamente de la Presidencia. En la mañanera para informar sobre la situación de PEMEX, su titular, Octavio Romero, soltó una acusación de fraude contra María Amparo Casar, la presidenta de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. (MCCI). El gobierno sostiene que la muerte del esposo de Casar, Carlos Márquez Padilla, fue un suicidio y no un accidente de trabajo y que, por lo tanto, la acusada ha cobrado ilegalmente una pensión y diversos otros rubros. El presidente López ha divulgado información personal de María Amparo, algo indebido, y ya la ha acusado en el tremendo tribunal popular de la mañanera. Ya habla de ella como una corrupta que se da baños de pureza.
Ya no estamos hablando de los desaparecidos y del avance del crimen organizado sino del hecho de que las madres buscadoras son enemigas del régimen y fabrican pruebas; ya no hablamos de la violencia en Guerrero y de la ineficiencia de su gobierno, sino de las preferencias sexuales del obispo Rangel; ya no estamos hablando del fracaso de PEMEX y de la política de López Obrador, sino de Casar; ya no hablamos de la sequía y de la necesidad de inversión en proyectos hidráulicos, sino de que los vecinos fifís de la Benito Juárez son enemigos del gobierno.
Los temas, por supuesto, no son Ceci Flores, Salvador Rangel, María Amparo Casar o el agua en Benito Juárez, el tema es el país manejado con autoritarismo e ineptitud.