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Opinión

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La decadencia de las potencias occidentales

El martes de la semana pasada tuve la fortuna de asistir al Seminario Internacional de Inversiones , organizado por Compass Group. Compass es una empresa latinoamericana que lleva más de 15 años en México gestionando, de manera exitosa, inversiones para inversionistas institucionales y personas físicas.

Durante el foro hubo una presentación muy interesante de Richard Garland, director para las Américas de Investec Asset Management. La presentación estuvo enfocada en el surgimiento de un nuevo paradigma económico global, que se viene gestando desde hace unos años, caracterizado por la decadencia de las grandes potencias occidentales y el crecimiento del mundo emergente. Una parte muy interesante de la plática estuvo concentrada en la identificación de siete señales que auguran el fin de la hegemonía económica de las potencias occidentales.

La primera señal: el sobreendeudamiento. La regla de Reinhart nos dice que las economías son incapaces de crecer a una tasa saludable una vez que alcanzan un nivel de deuda total superior a 90% del PIB. Éste es claramente el caso de Estados Unidos, Japón y varios países de la Unión Europea.

La segunda señal: la dependencia energética. La mayoría de los países desarrollados son importadores netos de petróleo y otros energéticos que los hacen altamente dependientes de alta volatilidad en la disponibilidad y precios de estos insumos. Algunas de estas potencias fueron en algún momento autosuficientes en la producción de hidrocarburos, mientras que otras encontraron fuentes alternas de energía como la nuclear. Sin embargo, la creciente impopularidad de la energía nuclear y el lento desarrollo de otras fuentes de energía renovable hacen que los hidrocarburos sigan siendo la principal fuente de energía.

La tercera señal: la sobreextensión territorial. Históricamente, la decadencia de la mayoría de los imperios ha tenido una característica en común: el principio del fin coincide con el punto máximo de extensión territorial. En Estados Unidos y Europa parece que éste es el caso. La evidencia de que la zona euro creció demasiado rápido y que varios de sus miembros estarían mejor fuera de ella es irrefutable. La influencia económica de EU también parece haber llegado a su máximo como lo refleja la búsqueda de nuevos activos alternos al dólar como moneda principal de reserva.

La cuarta señal: la caída de la industria manufacturera. Después de la Gran Depresión de los años 30 en el siglo pasado, EU se reinventó como un país industrial con un gran liderazgo en la manufactura. Japón también tuvo su boom posguerra como una potencia manufacturera y exportadora, mientras que la revolución industrial de Europa también fue anclada en la manufactura. Actualmente estas potencias se han vuelto cada vez más economías de servicios, delegando la manufactura a sus socios comerciales de países emergentes. Esto es evidente en la fuerte caída del empleo manufacturero en estos países desarrollados.

La quinta señal: la parroquialización de la política. Cuando los políticos empiezan a actuar con una mentalidad localista y dogmática que antepone los intereses particulares al bienestar común, la falta de consensos que permiten la gobernabilidad se vuelve más común. Como ejemplo tenemos la más reciente discusión sobre la ampliación del límite de endeudamiento para EU y la falta de consensos en Europa para formular un plan de acción contundente para resolver la crisis de confianza. Japón lleva prácticamente 20 años sumido en una crisis de liderazgo político.

La sexta señal: la pérdida de valor de la moneda. La crónica debilidad del dólar y el euro pueden ser tomadas como una consecuencia de la pérdida de solidez de sus emisores. En este espacio hemos mencionado que el dólar y el euro están perdiendo su función como monedas de reserva ante los fuertes desequilibrios que enfrentan EU y Europa.

La séptima señal: la pérdida de liderazgo tecnológico. EU, Europa y Japón han sido, durante décadas, la cuna de la innovación tecnológica. Sin embargo, el número de investigadores y la cantidad recursos destinados a investigación y desarrollo en países como China e India ha venido aumentando de manera considerable, mientras que Estados Unidos, Japón y Europa están experimentando un ritmo de crecimiento más moderado en estos rubros.

La conclusión de Garland es que el ranking de la economía global en el 2030 se parecerá más al de 1830 que al del 2000, con China, India y otras colonias de la ruta de las especias asiáticas dominando el panorama económico.

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