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La Cultura de la Paz, Violencia Creciente
Quien vive temeroso, nunca será libre: Horacio
La violencia es un fenómeno creciente en México, cada una de sus regiones, entidades federativas, ciudades, poblaciones, comunidades, barrios, zonas arqueológicas, destinos turísticos y planteles educativos reflejan esa realidad. Son muchas las familias que pierden a sus hijos jóvenes y muchos niños a sus familias y casas por la creciente ferocidad del crimen organizado que actúa a sus anchas, aparentemente con la anuencia de las autoridades y al que ni el ejército le intimida.
Esta terrible circunstancia ha hecho que el pánico se apodere de cada vez más habitantes de nuestro país por el riesgo o la amenaza de ser alcanzados por la abrumadora y progresiva brutalidad en todas sus expresiones como las crecientes masacres; homicidios; feminicidios; desplazamientos involuntarios; la colocación de minas en caminos; los ataques con drones, el bombardeo y destrucción; amenazas; el cobro de cuotas o derecho de piso a cada vez más actividades productivas; secuestros; la ocupación de cada vez más posiciones por el crimen organizado; la paralización de ciudades por amenazas y asesinatos a chóferes del transporte público, entre otras atrocidades.
Mientras todo esto ocurre y se degrada más al tejido social y la vida en armonía, el mandatario declara que “la gente está muy contenta en todos lados” e impulsa distractores como su docena y media de iniciativas para trastocar la Constitución que también, como él lo ha reconocido, tienen un carácter electorero. Sin respetar la veda sigue haciendo campaña en un esfuerzo por convencer a la ciudadanía -muy poco informada- de que voten por los partidos oficialistas. Otro distractor es la promoción de su libro en las conferencias matutinas que se organizan con recursos públicos.
La candidata oficial, al confirmar que las iniciativas serán la base de su proyecto de nación, acepta que su campaña y, en su caso, su gobierno sea comprometido –quizás contaminado- por las ocurrencias destructivas que contienen las propuestas.
Tristemente la obligación primaria de proteger la vida, la integridad y las pertenencias de las personas no ha sido atendida por esta administración. Ante el abandono de cada vez más comunidades, se observa algo que nunca antes había ocurrido, un creciente dominio del crimen organizado en vastas zonas del país, en las que sus habitantes se ven obligados a huir o a organizar sus policías comunitarias y hasta armar a sus niños para protegerse.
Toda esa situación de inseguridad y crueldad también es una fuente generadora de conflictos que se presentan cotidianamente dentro de todos los ámbitos de interacción social que también desalientan la producción y, por tanto, son un obstáculo en el desarrollo social y económico de cada vez más comunidades.
Cuando existe un conflicto social es toda la comunidad la que sufre y la intervención para su atención debe ser integral, es decir, sobre todas las personas que conviven en ese microcosmos en el que se produce el desencuentro. Esa atención corresponde principal y primariamente al Estado en cumplimiento a su función fundamenta, de carácter obligatorio, que es el mantenimiento del orden en la sociedad. Para ello el Estado cuenta con facultades constitucionales, legales, instituciones y recursos materiales, lo frustrante es que para este gobierno cumplir con esa primordial tarea no ha sido una prioridad. Parece no alarmar al gobierno que a cada vez más mexicanos les sea arrebatada su libertad por el crimen organizado.
Es urgente la restauración del tejido social para lo cual, primero ha de cancelarse la estrategia de seguridad denominada “abrazos, no balazos” y tomar las medidas necesarias para disminuir la tensión y la violencia que generan las controversias y los conflictos de carácter comunitario con su gestión y resolución en el marco de la cultura de la paz. Conviene apuntalar los proyectos que propicien la adopción de un sistema eficaz de pacificación, para lo cual resulta indispensable diseñar e implantar un modelo de justicia para que prevalezca la paz, una estrategia inteligente apegada al Estado de Derecho.
Durante las precampañas electorales recién concluidas no se han presentado propuestas ni generado expectativas de cambio en el país en los diversos renglones de la vida nacional que nos alienten a confiar en el rescate de México.
Nadie puede dudar sobre la necesaria construcción y aplicación de una política pública de gran calado que se caracterice por el diálogo, la concordia y el respeto a la Constitución, a las instituciones y a las personas.
Las candidatas deben tener en cuenta que los mejores medios de ejercer el poder y alentar el progreso son la concordia y la cultura de la paz. También es deseable que propongan acciones para superar la mediocridad que se ha impulsado por el actual gobierno en varios frentes como la seguridad pública, la corrupción, la impunidad, la opacidad, los malos e insuficientes servicios de salud y la peor educación pública, entre otros.
Deberá considerarse que la población es el mayor activo de todo país, particularmente la niñez y la juventud, por lo que las propuestas en la materia deberán considerar el fortalecimiento de los programas de educación y de salud.
La esperanza es un proceso de confianza y optimismo basado en las expectativas de resultados favorables. Se trata del estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea, muchas veces es un acto de fe.
A partir de las promesas con las que seremos bombardeados durante las campañas electorales que arrancarán este mes de marzo, surgirá entre quienes votarán una enorme esperanza por la reconstrucción del país y del tejido social, por la disminución de la violencia y la restauración de los servicios de salud y de educación entre otros anhelos.
Confiamos en que prevalezca la lealtad a la Nación, sobre cualquier otra.
*El autor es abogado, negociador y mediador.
X: @Phmergoldd