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Opinión

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La Cultura de la Paz, La Palabra para Educar o para Destruir

Muchas palabras nunca indican sabiduría.

Tales de Mileto

La palabra deja huella, tiene poder e influye positiva o negativamente. La medida del poder del lenguaje es la medida de la capacidad de influir sobre uno mismo o sobre los demás.

En cada palabra tenemos el poder de la paz. El poder de la paz es el poder de la cultura de la paz.

Por eso, la forma en la que las personas utilizan la palabra, la comunicación, para comprender al otro, educarlo o agredirlo es fundamental.

El tejido social implica relaciones significativas que determinan y permiten a sus integrantes ser, estar, producir, crear, interactuar, proyectarse y decir en todos los ámbitos de interacción social como lo son la familia, la escuela y la comunidad en todas sus variantes. Es la palabra un elemento básico para la construcción de la concordia o para lastimarla.

La palabra es el instrumento fundamental de la educación. A los maestros les corresponde esa delicada responsabilidad. Lamentablemente, como se sabe, el nuevo plan educativo, que repudian maestros y padres de familia, pretende que los docentes se transformen en líderes para contribuir a  tomar a niños y jóvenes como rehenes para el adoctrinamiento de las ocurrencias del partido oficialista, tirar por la borda la educación que requiere la niñez, la juventud y el país y transformar a las escuelas en semilleros de morenistas sin oficio ni beneficio, para engrosar las filas de desempleados, de limosneros, de trabajadores de la economía informal y para provocar que más mexicanos opten por huir del país.

Si a eso le sumamos que con los nuevos libros de texto gratuito, dirigidos a niños de seis y siete años, se han propuesto inculcar la idea de que ser pobre es una virtud, encontramos que el objetivo es avanzar en la destrucción del país a través de la manipulación de niños y jóvenes.

El maestro no merece ser usado para intentar esos perversos fines.

La palabra, recordemos, se transforma en arte por poetas, escritores y compositores. En educación y formación del futuro del país, por maestros.

La palabra corre el riesgo de ser utilizada como un instrumento de manipulación y el maestro como operador de la destrucción.

Hablar mucho y decir poco, es la característica de los monólogos mañaneros del inquilino de Palacio Nacional, quien hace alarde del uso de palabras huecas para falsear y ocultar la realidad nacional, para difundir decisiones y ocurrencias autoritarias, acrecentar la polarización y el odio y anunciar sus ocurrencias para destruir el Estado de Derecho.

El gobierno y sus partidos políticos utilizan la palabra para mentir, para confundir al electorado. La mentira es su forma de gobernar, falseando datos y ocultando la realidad. Parece desconocerse que el valor de la verdad da valor a la palabra.

Es inaceptable que quienes acompañan al presidente no perciban que participan de una farsa. Lo arropan y se dejan humillar para demostrar lealtad a un régimen que exige lealtad ciega.

Ser cómplices de la mentira incluye el silencio ante la agresión a los ciudadanos, a la pérdida de empleos, la creciente inseguridad y la pasividad ante la abierta violación a la Constitución y a las leyes emanadas de la misma, entre otras nocivas actitudes. Olvidan que la evaluación sobre cualquier gestión se enfocará en lo que puede verse, los hechos y los datos objetivos, los resultados, no sobre mentiras y falacias.

El rumbo está equivocado y es incorrecto, por ello es urgente evitar que se dejen las cosas en peor estado del que tenían.

Tristemente el mandatario no muestra empatía con ningún sector de la población, sólo consigo mismo, sus causas y sus ocurrencias. Es evidente que tiene la idea de que él es México, el Estado y el pueblo.

Sigue sin aprovecharse el elemento sobre el que se construyen o desarticulan los conflictos, que es la comunicación. Trabajar la desarticulación del conflicto y la construcción de una manera diferente de interactuar y de relacionarse es modificando el tipo de comunicación.

Los ciudadanos, en todas sus expresiones, utilizan la palabra para exponer legítimos reclamos, protestas y propuestas sin que se les escuche. La palabra de los opositores del presidente no merecen su atención.

Como hemos insistido, el dialogo es la vía de la distensión.

Es frustrante y dañino no escucharnos, no vernos y no respetarnos unos a otros pues la política no tiene por qué ser un constante desencuentro, un método de descalificaciones y mentiras que dilapida la estabilidad y la unidad.

En las próximas elecciones, los votantes en los estados de México y de Coahuila tendrán la oportunidad de expresarse, no con palabras, con su voto.  Se juega la continuidad o la discontinuidad del proyecto de gobierno del presidente, eso que él sigue llamando cuarta transformación. Si el mandatario pierde la elección de junio, perderá impulso, perderá legitimidad, perderá iniciativa. Se impedirá su avance destructivo.

Ante los ataques del inquilino de Palacio Nacional para destruir nuestro orden constitucional, republicano, federal, con división de poderes y órganos autónomos, tenemos la opción y el derecho a resistir.

Las elecciones son ese mecanismo para determinar, mediante nuestra participación y el ejercicio del voto libre y secreto, quienes han de representarnos y gobernarnos. Son un método de evaluación y control sobre las personas que ejercen responsabilidades públicas.

La vía pacífica a nuestra oposición al desastre es ejerciendo nuestro voto. Hagámoslo conscientemente, protejamos a México. Cuidemos y confiemos en una de las más importantes encuestas que se realizarán en los estados de México y Coahuila este mes de junio.

Felicidades a todos los maestros.

*Eñ autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter @Phmergoldd

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