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Opinión

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Hibris y némesis

La soberbia y orgullo de López Obrador, el hibris de la mitología griega, lo llevarán inevitablemente a su némesis, o sea, al fracaso.

Al proclamar su Plan de Ayala Siglo XXI, López Obrador se compromete a establecer en el país un nuevo modelo de relaciones humanas, ni más ni menos, basado en el amor al prójimo, el amor y paz con la V de la victoria.

Sólo siendo buenos podemos ser felices , dice; promete el cambio con su varita mágica y la promoción de valores, vaya usted a saber qué entiende por ellos.

Ahora, López Obrador se reconcilia con sus acérrimos enemigos de siempre. Con su hablar melifluo y sus palabras dulces. Uno de los intelectuales adictos, el beligerante Sergio Aguayo, escribe que este cambio semántico, ¡agárrese usted!, es el acontecimiento que sacude y reacomoda el tablero político , así, ¿cómo ve?

AMLO no es radical y no ha modificado su discurso, por lo contrario, sostiene en Primer Plano otro de los sabios adherentes a la causa, Lorenzo Meyer.

Pasarela en Washington de los tres enfilados a la silla. Nuestro personaje, con máscara de moderación, repite todos los lugares comunes que ya nos había endilgado en su campaña presidencial anterior , contra discursos bien estructurados de JVM y EPN, según un observador inmediato, Manuel Suárez Mier.

Nuestro embajador en Cuba cuando AMLO encabezaba el Gobierno del DF, Ricardo Pascoe, se refiere a su carácter traicionero e inconfiable , a su populismo ramplón y a su modo de hacer política : que levanten la mano so pena de perder privilegios , advierte.

Alrededor de sus encendidas alocuciones en la plaza del Zócalo capitalino, Carlos Fuentes sugiere: Cualquier payaso puede llenarla si grita alto y duro .

Los suspirantes, a cualquier nivel de suspiro, abren las expectativas del cambio. Éste puede darse en alguna medida. Lo que es imposible es que la ideología y la psique de un individuo se modifiquen de la noche a la mañana.

Encubierto está el mismo Andrés Manuel, el rijoso, el agresivo, el que manda al caño a las instituciones, el alterador del orden, el patrocinador de forajidos al estilo del resucitado Bejarano y del cafre Fernández Noroña -por sus frutos los conoceréis-, el que insulta, el que trampea, el que abusa de la libertad de expresión, el que asalta e invade el espacio público.

No me cabe duda que su soberbia y su orgullo, esto es, el hibris de la mitología griega, con el cristianismo -el peor de los pecados capitales-, lo llevarán inevitablemente a su némesis, o sea, al fracaso.

paveleyra@eleconomista.com.mx

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