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Opinión

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Heredarás el viento

Estamos tan metidos en el aquí y ahora que perdemos de vista lo que pasará cuando se vaya el presidente López a la Chingada (su rancho). Para hacernos esta pregunta partimos de dos supuestos: a) AMLO se retirará de la presidencia y de la política. Es posible, no seguro, que terminando su mandato se vaya, pero dudo mucho que se retire de la política. Intentará, como Echeverría, influir en su sucesor(a); y b) su autogolpe de Estado continuará durante el sexenio, acumulando cada vez más poder hasta el punto de que el siguiente presidente tendrá que “consultarlo”. 

Tomé el título de esta columna de una película maravillosa: Inherit the Wind (1960), que en México se conoció, precisamente, como: “Heredarás el viento”. Le tocó al maestro Stanley Kramer dirigir a unos extraordinarios Spencer Tracy, Fredric March, Gene Kelly (no bailó, pero demostró que era un excelente actor) y Dick York (el primer Darren de “Hechizada”).

La película hacía referencia al juicio de Scopes de 1925 (también llamado el juicio del mono), donde se juzgó a un maestro de Tennessee por enseñarle a sus alumnos la teoría de la evolución de las especies. La batalla entre evolución y creacionismo de la película en realidad encubría la confrontación contra la intolerancia anticientífica. No sobra decir que la cinta también era una crítica del macartismo. Al final, el profesor Scopes perdió el juicio, pero fue una victoria pírrica de los conservadores, pues no lo condenaron a la cárcel sino a pagar una multa que, según recuerdo, fue de un dólar. 

Traigo a colación la película y su historia porque la lucha contra el autoritarismo, la rigidez de las ideas y la persecución no tiene fin ni un único escenario. Pero hay algo más: decía Roger Ebert, un crítico famoso, que esta cinta era "una película que reprende el pasado cuando también podría haber temido al futuro". Y sí, el futuro es un país extraño, como dice Joseph Fontana, y de vez en cuando hay que darse un espacio para que se le piense.

Mientras llega ese “futuro extraño”, los aspirantes ya se aprestan a la lucha definitiva. En MORENA, el dedo del presidente señala a Claudia Sheinbaum, pero Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal hacen su luchita. En el bloque del PRI, PAN y PRD probablemente encontrarán un(a) candidato(a) único(a). Movimiento Ciudadano tiene, al menos, tres posibilidades: Enrique Alfaro de Jalisco, Samuel García de Nuevo León y el joven Luis Donaldo Colosio Riojas. Es posible que surja algún otro contendiente, ahora no detectado.  No es un secreto que las posibilidades de abrirse camino hasta la presidencia están del lado de la actual jefa del Gobierno de la Ciudad de México, pero independientemente de quien reciba el próximo mandato, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué país gobernará?

A tres años del inicio de este gobierno ya se pueden establecer tendencias claras. Tomemos algunas de las causas que a diario y machaconamente propaga el presidente López: erradicación de la corrupción; servicios de salud gratuitos, de buena calidad y con medicinas incluidas; paz y tranquilidad en todo el país y un crecimiento mínimo del 6% al final del sexenio. Eran buenas metas, pero ya no se lograrán, incluso en el caso de que el presidente cambiará radicalmente su posición. 

Al final del sexenio estarán los viejos corruptos, ya acomodados, pero habrá nuevos, enquistados en el aparato de gobierno y protegidos por los poderes de la 4T; servicios de salud rotos, mal administrados, insuficientes y con carencias de equipos y medicamentos; bandas del crimen organizado interviniendo en drogas, armas, trata, cobros de piso, extorsión, entre otras actividades; y una economía que, en el mejor de los casos, habrá crecido un 1% en el sexenio y con poca provisión de empleos nuevos y bien pagados. 

Pero habrá más: un sistema educativo disminuido por la pérdida de espacios como el CIDE; científicos e investigadores sin alicientes y probablemente buscando otros horizontes; una casta militar metida en decenas de actividades y probablemente obedientes a la voz de su amo; y, lo más grave, una democracia maltrecha y agonizante, con poderes Legislativo y Judicial disminuidos, con gobernadores incapaces, corruptos o sumisos y con instituciones electorales acosadas y disminuidas. 

Por supuesto, se dirá que la mayoría de estos problemas ya existían antes de AMLO. Esto es cierto y la discusión de si estamos mejor o peor que antes no tiene sentido porque de todos modos estas son nuestras condiciones. Así que la pregunta no es quién ganará las elecciones del 2024, sino cómo enfrentará los retos arriba descritos

En proverbios 11:29 se encuentra la frase: “El que turba su casa, heredará viento” y vaya que AMLO nos legará una tormenta durante varios años.

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