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Fondos de rescate, la experiencia
En la última semana del año pasado, leí un reportaje donde decían los autores que los endeudados gobiernos de Europa tenían mucho que aprender de la experiencia latinoamericana de los años ochenta.
En aquellos años, todos los gobiernos de la región, incluido el mexicano, sufrían un padecimiento común: el alto endeudamiento del sector público. En México, la deuda eterna fue alimentada por la expectativa de que el oro negro nos haría millonarios.
Hasta en el Chavo del Ocho hacían referencias a la deuda eterna del país en sus capítulos.
Y uno de los protagonistas de administrar la abundancia y la crisis fue Jesús Silva Herzog, secretario de hacienda en el último tramo del sexenio de José López Portillo y en la primera parte del de Miguel de la Madrid, en el periodo de la crisis de deuda de los años ochenta.
Tuve la oportunidad de entrevistarlo en el año 2007, bajo el pretexto, de la presentación de un libro de sus memorias. La experiencia periodística fue enriquecedora pero nunca llegó a los ojos de los lectores del periódico, pues por cuestiones editoriales Jamás fue publicada.
¿Qué a que viene el comentario? Pues que el funcionario me contó que en una reunión del FMI, allá en la década de los ochenta, a él se le ocurrió hacer como una vaquita entre los ministros de finanzas de los países latinoamericanos asistentes.
Dijo que pasó una hojita a cada uno de los secretarios para que voluntariamente se comprometieran a hacer una aportación económica a un fondo para la estabilidad financiera de las haciendas regionales, para tratar de evitar el rescate del FMI.
Me suena tan familiar la anécdota, como la que hoy ha dado origen al Fondo Europeo de Estabilización Financiera. Claro, que en la experiencia latinoamericana, resultó obviamente insuficiente, pues el FMI se convirtió en el mayor acreedor de la región. Ojalá que no suceda igual con los endeudados países europeos.
Noche de reyes
Hace 13 años, la noche del 5 de enero, mi mamá se asomó por la ventana para avisarme que me llamaban de El Economista. Andrea Ornelas Negrete, se había decidido por mí para enseñarme el oficio del reporteo tras haber cumplido con dos requisitos: no tener experiencia periodística ni saber nada de economía.
Fue mi regalo de Reyes. Así, que todas las noches como hoy, miro al cielo como aquella vez, y doy gracias por las bendiciones que siempre me deja la mágica visita de los Santos Reyes. Gracias, porque con mi ingreso al periódico conocí y aprendí de gente maravillosa: Andrea Ornelas, Luis Enrique Mercado, Ana María Rosas, Omar Cancino, Vanessa Beltrán, René Ávila, Toño Guzmán, Francisco Garfias, Jaime Contreras, mi Banco de México, mis organismos internacionales, mis corredurías, mis calificadoras. Por los sueños que pude cumplir con mi ingreso al periódico y por la maravillosa experiencia de seguir aprendiendo Gracias a todos siempre.