Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Estampas de la FIL 2017 - 1

La tumba de Poe

La sala del auditorio Juan Rulfo de la FIL está repleta. En las primeras filas hay escritores, editores e invitados VIP. Más atrás periodistas, público en general, adolescentes escolares con smartphones y audífonos, señoras con bolsas llenas de libros. Las filas de sillas no son suficientes y al fondo hay muchos de pie. La expectativa de ver (y escuchar) al autor de la trilogía de Nueva York es alta.

Doble presentación para el escritor. Primero por parte de Raul Padilla, rector de la Universidad de Guadalajara y Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral, que inadvertidamente repite casi verbatim datos que ya había leído Padilla: las obras y premios importantes de Paul Auster.

La apertura del salón literario de la FIL siempre corre a cargo de uno de los invitados más importantes de la semana. A lo largo de los años hemos sido testigos de momentos memorables en esa charla inaugural (Saramago, Franzen y Rushdie vienen a la mente). Y aperturas abismalmente penosas como aquella en que Toni Morrison decidió dedicar la charla a leer el primer capítulo de Beloved, pero los traductores simultáneos no tenían un ejemplar en español, por lo que sufrieron y malabarearon palabras improvisando la traducción de la Nobel.

Auster no se quedó atrás. Leyó una conferencia árida y de sazón académico sobre la muerte de Edgar Allan Poe, y los poetas americanos y franceses que recuperaron, influyeron y honraron su obra.

Fue una conferencia “correcta” en el sentido que hacía referencia a uno de los autores más célebres de la literatura estadounidense, y se sumaba a la teoría crítica que apunta las influencias de los poetas franceses en Poe, y hubiera estado perfecta en un congreso sobre Poe en la Universidad de Baltimore o un acto de homenaje para celebrar al autor de El Cuervo.

Mientras algunos del público apuraban selfies con el escenario del fondo, y los periodistas televisivos se peleaban con cables para tratar de registrar el audio, el resto del auditorio bostezaba al escenario con vaga decepción.

Sí, todo lo que dijo fue literario pero también aburrido y ausente de cualquier revelación que dijera más sobre el propio Auster, su obra y visión literaria, que era lo que esperábamos escuchar.

Corea es mucho más que Samsung

La frase no es mía. Es lo primero que dice alguien del público durante el turno de preguntas.

Entre los innumerables eventos de autores famosos, visitantes madrileños, políticos apurados por colarse a los encabezados culturales y congresos simultáneos, se abre un paréntesis delicado y luminoso: La escritora coreana Yoon Sung-hee presenta, con apoyo del Instituto Coreano de Traducción Literaria, su más reciente libro (y único en español): Espectadores (bonobos editores). Un libro que responde al credo de la autora: “La vida consiste en observar cosas y que estas te desconcierten”.

Es el tipo de eventos que pueden complicarse si se intenta la traducción simultánea, pero se solventa con gran habilidad. Sung-hee no improvisa. Lee un texto preparado que habla de su libro pero también de su proceso creativo. Un texto cálido que muestra el humor e inteligencia que caracterizan su obra.

“Si todas las cosas se pudieran decir con una palabra, no existirían las historias” lee Sung-Hee, y es una de las frases más lúcidas que escuché en esta FIL.

“A veces miro la pantalla de mi computadora y le digo ‘que tonto eres’, hablándole a alguno de mis personajes. Ellos siempre me responden con una sonrisa. Después, se ponen a hablar entre ellos, y yo los miro y anoto lo que dicen”.

La tormenta en el vaso

En una sala adjunta, tres celebrados autores argentinos hablarían sobre la literatura de su país: Sergio Olguin (autor de La fragilidad de los cuerpos), Federico Falco (el genial cuentista de 222 Patitos) y Guillermo Martínez (matemático y autor de Los crímenes de Oxford).

Una vez empezada la mesa, Martínez apunta la mesa de literatura argentina se concentrará en discutir (hacer homenaje) a Adalberto Castillo, escritor argentino que falleció en 2017.

Castillo, sin embargo causa polémica incluso en el mismo panel: Martínez lo admira sin objeción, a Falco no le gusta nada y Olguin siente una difícilmente disimulada ambivalencia.

Los tres dan sus razones, discuten y apuntan detalles o anécdotas sobre la personalidad de Castillo, su figura como autoridad, maestro y tallerista, el machismo en sus cuentos y mucho más. Quizá sin saber que fuera de Argentina, Castillo fue poco leído y que ese personaje que tanta pasión provoca en la mesa, es prácticamente desconocida para el público de la FIL.

Como suele suceder, una de los momentos más interesantes se da al final, como parte de una respuesta a una pregunta que tenía poco que ver con Castillo. Alguien del público felicita al panel diciendo que lo que le gusta de la literatura argentina es que que es muy directa y usa un lenguaje simple.

Martínez responde con lucidez: Los escritores argentinos conocemos las palabras que hay en el diccionario, y cuáles correspondería usar en determinados casos, pero elegimos no hacerlo porque hay palabras de las que no somos dueños. Los autores españoles, en cambio, se sienten dueños de todo el diccionario y de usar cualquier palabra cuando les da la gana.

Twitter @rgarciamainou

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas