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Esa incómoda y necia realidad
Siempre será deseable el optimismo. Así, se alienta la mejor actitud, se encauza un ánimo positivo y se genera esperanza en un futuro alcanzable con mejor talante. Sin embargo, cuando se especula bordeando la objetividad y se desoye el llamado de la prudencia, generalmente el inevitable choque con la realidad es violento y la decepción por la promesa incumplida es notoria. Esta lógica aplica al paquete económico presentado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público donde, la tensión entre lo posible, y lo alcanzable; y lo programado y lo deseable, vendrá a causar graves desajustes si no se rectifica con responsabilidad.
El principal conflicto al alcance es sin duda el crecimiento esperado. Al cálculo estimado, para el venidero 2023 se estima que México crecerá en un 3 por ciento. Ojalá la cifra medible durante el año excediera tal previsión, sin embargo, las estimaciones más acuciosas llegan a la conclusión de que nuestro país alcanzará, en los mejores escenarios, poco más de la mitad de ese número alegre. Un 1.7% que significaría ajustes a mitad del camino y, por supuesto, recortes en el gasto del sector público que demeritan las labores del estado. Pero la emergencia ante un ingreso comprometido por el estado, bien podría llevar por igual a una endurecida política fiscal que acaba por asfixiar al contribuyente cautivo aunque, como bien se cumplió en la promesa, no se hayan aumentado ni creado nuevos impuestos en el paquete económico.
Otro factor a considerar que, igualmente ronda lo fantasioso, es la inflación esperada para ese 2023. Este dato, en el mejor de los casos, seguirá la tendencia lógica de lo que se ha observado a lo largo del año. Se olvida que la inflación no puede abolirse por buenos deseos y, obligadamente, se comporta dentro de los parámetros mensuales que se van acumulando a lo largo del año. Así, la estimación de la SHCP, establece que para diciembre del próximo año los mexicanos tendremos un 3.2% de inflación lo cual, con las condiciones actuales es absolutamente imposible. Para llegar a ese límite, México tendría que contener la inflación actual y meterla en un cinturón de 0.25% mensual. Las más positivas estimaciones en este fenómeno no aislado son que, para el año próximo, estaremos en la cercanía del 8 por ciento. Estimar una mucho menor inflación llevará a sorpresas desagradables; sobre todo en el costo financiero de la deuda pública que está sujeta a las variaciones inflacionarias que impactan las tasas de interés.
Pero la discrepancia entre realidad y buenos deseos sigue y sigue. Inversión pública, capacidad de producción petrolera, tasa anticipada y un largo etcétera. El despertar puede ser duro y el costo llegará a tener efectos perniciosos en lo colectivo. ¡Bendita realidad!… Cuánto estorba a veces para crear escenarios donde solo exista el aplauso y la diatriba de la cual vive la polítiquería.
Twitter: @gdeloya