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El último y febrero
Foto EE: Especial
Llegar a febrero, para los que no celebramos nada en él, no es precisamente una fiesta. Primero, porque es un mes incompleto. El único que puede tener un día más o uno menos y también el culpable de que los años sean bisiestos o no. Todavía mucho peor con el estigma de que justo a la mitad del mes –o casi, porque en febrero no se sabe si la mitad está en medio– hay que celebrar el amor. Es decir, estar enamorado y, además, ser correspondido, ojalá de un amor correspondiente que pague lo que debe y no le deba nada. (Todo ello por si tanta presión no fuera suficiente).
Es en los días de febrero cuando somos más proclives a pensar en obsequios ofrecidos y nunca recibidos, en cómo sacar de nuestro sistema todos los tamales engullidos el Día de la Candelaria o a inaugurar el azote de preguntarnos por qué hemos fallado en nuestros propósitos de empezar dieta y ejercicio (con el riesgo de derivar en el otro azote de preguntarnos a dónde nos arrojó el Destino). Más baste ya de rigores, mi bien, baste –como hubiera dicho Sor Juana– y vivamos este día final de enero con conocimiento de causa y de otro modo.
Febrero, cuyo nombre proviene del latín, se refería a las februas, jornadas donde se llevaba a cabo un Festival de Purificación en todas las regiones de la antigua Roma. En él, lavarse el cuerpo –y las culpas– con abundante agua, era la actividad y el mandato principal. Aquellas fiestas y todo el mes, como era lo adecuado, estaban consagradas a Neptuno, dios latino de todas las aguas y los mares.
Hoy, que ya sabemos es el segundo mes del año en el calendario gregoriano, a veces con 28 y otras con 29 días, puede resultar un curioso alivio apuntar que en algunas raras ocasiones hubo un 30 de febrero: durante la conversión del calendario juliano al gregoriano o a lo mejor resulta renovada la esperanza al saber que precisamente mañana, 1 de febrero, comienza el Año Nuevo Chino zodiacalmente consagrado al Tigre de Agua y no terminará hasta el próximo 23 de enero. (Todo ello por si usted quiere revisar los horóscopos y decide planear otra vez un año entero).
Una vez dispuestos a revisar las fechas de otra forma, todo podrá resultar en felices hallazgos. La obra –y los cumpleaños– de personajes que nacieron en el mes que también nace mañana. Todos dignos de un ensayo, un recordatorio palabras muy bien puestas y una lectura atenta. Opciones hay muchas. El 2 de febrero, por ejemplo, nació James Joyce, tres días después William Burroughs, el temible genio beatnik (que en su cuaderno escribió: “La gracia me llegó en forma de gato” y le disparó a su mujer entre los ojos jugando a Guillermo Tell) y que este año estaría festejando su cumpleaños 108. El 8 de febrero se recuerda a Julio Verne, quien después de confesar que escribiría "la novela de la ciencia” no detuvo su frenético ritmo de trabajo hasta regalarnos globos que volaron alrededor del mundo, un viaje al fondo del mar y otro al centro de la tierra.
Históricamente, aunque no sea tan divertido, nunca sobra decir que en el mes de febrero murió Ignacio Manuel Altamirano, aunque haya ocurrido en San Remo y tampoco recordar que también era febrero cuando las negociaciones entre plenipotenciarios mexicanos y franceses, reunidos en el puerto de Veracruz pusieron fin al asunto de las indemnizaciones de la Guerra de los Pasteles. Muy triste hablar de los 349 años de la muerte de Molière en plena escena y tremebundo recordar que el transbordador Columbia estalló al volver a la Tierra en febrero del año 2003.
Mejor perseverar en lo bueno, lo feliz y lo grandioso. Reconocer la admiración antes de que se convierta en envidia –por no haber nacido en febrero– y admitir que componer decires y palabras sobre grandes personajes y dedicarse a leerlos después, podrá parecer inútil y quimérico, pero nos ayudará a vivir el mes que llega más felices y conformes. Hay de todo. Por si a la agenda le faltara un personaje, vale anotar que el 15 de febrero nació Galileo –el que descubrió la imperfección de la luna mirándola en su telescopio–; el día 16 Carlos Pellicer, poeta que llenaba de sol todo lo que tocaba; el día 7 vino al mundo Charles Dickens y Guillermo Prieto la mañana del día 10. Y aunque Gustavo Adolfo Bécquer nació el 17 de febrero y el retorno de sus oscuras golondrinas no nos parezca tan cercano como los versos del Don Juan Tenorio escritos por José Zorrilla –que nació el día 21– bien valdría la pena aprenderse un par.
El tiempo seguirá corriendo y los días pasarán uno tras otro. Le corresponderá a usted, lector querido, decidirse entre Miguel León Portilla y Schopenhauer cuando los dos nacieron en febrero o simplemente pensar que hoy es el último día, pero mañana el primero.