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El prodigioso ascenso de China
CHINA-TOURISM/
Trump no sólo le ha hecho un daño muy difícil de reparar a la relación entre México y Estados Unidos. También ha creado vacíos e incertidumbre en el mundo, abdicado de liderazgos y sembrado desconfianza en aliados esenciales y en la comunidad internacional. Le ha infligido costos históricos a Estados Unidos como actor hegemónico, facilitando y cediendo caminos para el impetuoso ascenso de China como nueva superpotencia global. Quizá debamos de agradecérselo. Trump explota obsesiones por un pasado fantasioso. Pretende resucitar a la industria del carbón, recorta presupuestos para investigación y tecnología, abjura de la cooperación técnica y de ayudas al desarrollo y desmantela instituciones y políticas ambientales. Expulsa de su gobierno a la ciencia y se refocila en bochornoso vodevil de frivolidades narcisistas, mercantilismo anacrónico y abierta irracionalidad. Su norte son recelos, fanatismos y bajas pulsiones de sus electores y su método, la mentira y demagogia.
Especialmente, al romper Trump con el Acuerdo de París en materia de Cambio Climático, cedió un espacio estratégico para el creciente protagonismo chino. Xi Jinping (químico, con formación científica), en asertivo contraste, reaccionó de inmediato garantizando los compromisos del gigante asiático en inversión en energías renovables y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Todo esto, en un contexto en el que China ha logrado el liderazgo tecnológico en energía solar fotovoltaica y reactores nucleares de nueva generación, a partir de inversiones masivas en ciencia básica, investigación y desarrollo tecnológico. El desarrollo tecnológico es el motor del crecimiento económico y pilar en la fortaleza de las naciones, que se nutre de la investigación científica básica y aplicada.
La catapulta del ascenso de China ahora es su Plan Quinquenal Número 13, que se fundamenta en ciencia y tecnología como impulsores del desarrollo y poderío económico. Entre el 2016 y el 2020 China invertirá 1.2 billones de dólares (x 1012) en investigación y desarrollo, de los cuales 373,000 millones de dólares estarán destinados sólo a energía renovable. Su iniciativa Made in China 2025 se orienta a un progreso alucinante en áreas como inteligencia artificial, computación en la nube, robótica, biotecnología y vehículos eléctricos. Ajustado por el poder de compra, China gasta actualmente más en investigación y desarrollo que la Unión Europea y sobrepasará a Estados Unidos en el 2020. La contribución de China al total de artículos de investigación de calidad en revistas internacionales arbitradas llega ya a 20% y sólo es superada por Estados Unidos.
China cuenta con una red de trenes de alta velocidad mayor a la existente en todos los demás países del mundo juntos. Posee el mayor radio telescopio del planeta y las dos supercomputadoras de mayor velocidad y capacidad global. Ha puesto en marcha el mayor mercado de carbono del mundo. Es el productor más grande de metales y tierras raras, esenciales en la manufactura de alta tecnología, y primer productor de energía solar, eólica e hidroeléctrica, así como nuclear de nueva generación. Pronto será el mercado más grande en autos eléctricos, reactores nucleares, dispositivos inteligentes, robots industriales e impresoras 3D. China ha creado en Shenzhen la empresa más grande del planeta en genómica que desatará una nueva revolución tecnológica en medicina, agricultura y alimentos. En mecánica cuántica, China lidera el desarrollo de satélites, láseres y óptica avanzada para la transmisión de fotones acoplados desde el espacio hasta laboratorios en tierra, como fundamento para la computación cuántica, el futuro de la cibernética. (Scientific American, octubre, 2017). Conforme China ascienda y se consolide como superpotencia tendrá la capacidad de configurar las relaciones geopolíticas globales de acuerdo a sus principios e intereses. Las consecuencias para el mundo son difíciles de anticipar. México debe buscar una alianza estratégica con China.