Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

El presidente

Un gran interés me suscitó la lectura del libro El presidente, de Leonardo Curzio y Aníbal Gutiérrez (Grijalbo, 2020) titulado El presidente, las filias y fobias que definirán el futuro del país.  

Aunque el inicio es un tanto pesado, la lectura se va haciendo cada vez más ágil, hasta que uno lo termina leyendo con el interés de una novela. Tampoco descubre el hilo negro (muchas biografías se han escrito de López Obrador, oficialistas y críticas, a las que hay que añadir las personales, que suman más de 10 de la pluma del propio presidente); pero es un trabajo que aúna la profundidad bibliográfica (los autores han leído casi todo lo que ha escrito AMLO, cosa no menor) con un sentido común aplastante, cosa no fácil en trabajos académicos o de difusión. Analizan la figura del Peje con perspectiva histórica, sin caer en el dogmatismo de la 4T o en la crítica ácida del grupo de intelectuales presidido por Vargas Llosa y Enrique Krauze (sin dejar de reconocer el gran trabajo que ha realizado este último sobre el propio López Obrador). 

El subtítulo del libro (Las filias y fobias que definirán al futuro del país) es de gran importancia para descubrir las claves de su lectura. Siguen el consejo de un autor al recomendar escribir biografías: Métete en el personaje. Y ello sin demérito de acusar con el dedo grande la caótica dirección del país hacia la que nos está dirigiendo López Obrador. Para ello es suficiente con leer la Posdata donde en la lectura del segundo Informe de gobierno los autores afirman la descortesía de AMLO hacia el Poder Legislativo -en contra de sus promesas cuando fue declarado ganador, como todo populista-, junto con una de sus peores características, un optimismo acerado que el Presidente ha conseguido transmitir a muchas personas. “Es el mejor gobierno en el peor momento” según se atrevió a decir el propio residente del Palacio Nacional. “Inasequible al desaliento, dibujó un país que hizo palidecer, por sus tintes rosiáceos, a los mejores tiempos de la denostada Foxilandia. Un gobierno que supera al de Cárdenas, Juárez, Lerdo… Eso es tener alta la moral”, sentencian los autores. 

“Su calendario político es impermeable a las desventuras nacionales: sin sonrojo dijo que en septiembre se habían cumplido 95 de las 100 promesas que planteó en uno de sus discursos inaugurales. Todo va viento en popa, con las estrategias correctas y con el mando firme. Al iniciar el aciago 2020, el presidente mostraba confianza en que el año iba a ser muy propicio y prometió que el 1 de diciembre ya estarían sentadas las bases de la Cuarta Transformación, un optimismo envidiable. El país será otro, según la prospectiva de Palacio”, sentencian los autores. 

Es quizá este optimismo que se niega a confrontar la realidad, junto con su paranoia, sus dos rasgos más característicos. Pero como la primera virtud del político debe ser la prudencia, según afirmaban Aristóteles y Maquiavelo, que está anclada en un juicio de realidad, AMLO carece como se dice en el argot, de lo mero principal. Y en un país donde la hora la determina el Presidente, carente de instituciones, o con éstas rotas por el propio AMLO en solo dos años (según Krauze su poder destructor es mayor al de Chávez en Venezuela), al optimismo presidencial sólo se le puede responder con un realista sentido común: Qué vamos a hacer cuando estalle la bomba del país. Eso sí lo podemos anticipar cada uno y tomar nuestras propias consecuencias: la lectura de Hanah Arendt en Los orígenes del totalitarismo puede darnos, junto al libro de Curzio y Gutiérrez en sus propias palabras, las filias y fobias que definirán el futuro del país.  

*El autor es máster y Doctor en Derecho de la competencia, Profesor Investigador de la Universidad De La Salle Bajío y miembro nivel I del SNI.

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas