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Opinión

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El nuevo aeropuerto del DF hoy sí es posible

El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) es una buena analogía de lo que le sucede a este país. Una terminal aérea repleta de vicios, monopolios y mafias, parchada ante la imposibilidad de un cambio de fondo, probado centro de operaciones del crimen organizado, disputa por la jurisdicción entre autoridades locales y federales.

El AICM es una carta de presentación para los visitantes y un instrumento de propaganda para el gobierno. Mala publicidad por ahora, porque todos los mexicanos que regresan a su país hacen la inevitable comparación con cualquier aeropuerto del primer mundo o incluso de otras naciones en desarrollo, más preocupadas por ese sector.

¿Quién no ha mentado madres en la improvisada sala de migración? Las bandas de entrega equipaje son ineficientes. Los maleteros impiden el uso del autoservicio con carritos. El monopolio del Sitio 300 dio paso a la colusión de precios de tres compañías.

La Terminal 2 tiene un nudo vial para entrar o salir y otro nudo aéreo para despegar y aterrizar en las mismas dos pistas de siempre. Es más fácil llegar a Acapulco que cambiar de sala en el monorriel, que funciona un día no y el otro tampoco. Aquí podría dejar una línea en blanco para que pudiera usted escribir su propia mala experiencia en esta terminal aérea.

Ahora se habla de construir -ahora sí- una nueva terminal aérea. Lo primero que quisiéramos escuchar es que no migrarán las malas prácticas del actual aeropuerto.

No hay mayor emblema del fracaso del gobierno de Vicente Fox que el fallido aeropuerto de Texcoco.

Fue un proceso que empezó mal desde el principio, cuando se pensó que Tizayuca, en Hidalgo, podría ser alternativa para el aeropuerto de la capital, cuando la distancia y dificultad de conectar esa población hacía inviable construir hasta allá la terminal.

En lugar de concentrarse en tomar una decisión presidencial de hacer el aeropuerto en Texcoco y negociar políticamente con todos los involucrados, la impericia de ese gobierno permitió que un grupo carente de argumentos no sólo echara para atrás el proyecto del aeropuerto, sino que replegara y dejara en ridículo a un gobierno.

Cuando los crecidos macheteros de Atenco intentaron años después doblegar a la autoridad del Estado de México por un conflicto local, los líderes acabaron o en penales de máxima seguridad o huyendo del país.

Hoy existen los estudios de viabilidad técnica para construir una nueva terminal aérea en los terrenos aledaños al actual aeropuerto. Lo que debe tener el gobierno federal son los acuerdos políticos necesarios. Desde los pobladores afectados, los grupos de poder -que siempre aparecerán-, hasta los acuerdos con las autoridades del Gobierno del Distrito Federal.

La administración de Calderón ni siquiera lo intentó porque su relación con Ebrard era mala por los fantasmas dogmáticos del perredista y pudo haber ahorcado la obra. De hecho, lo hizo con su tiradero de basura.

Con Miguel Ángel Mancera, la visión es diferente. Habría cooperación para hacer la infraestructura realmente útil. Además, si este gobierno va a construir un aeropuerto, lo tiene que iniciar ya. Los tiempos de construcción apenas y serán suficientes para cortar el listón en unos cinco años.

campos@eleconomista.com.mx

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