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Opinión

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El inventor y el monje

Otrora paradigma del universo corporativo, General Electric da la impresión de estarse enronizando .

Thomas Alva Edison, cuyo catálogo de citas citables es rivalizado sólo por el de otro inventor, Benjamín Franklin, debe estar girando en su tumba como trompo chillador. La empresa que fundó en 1878, General Electric (GE), que llegó a ser la empresa más grande, valiosa y diversificada del mundo, amén de la más admirada y la principal blue chip bursátil, parece haber extraviado el rumbo.

La cumbre de la fama llegó en el reinado del controvertido pero legendario Jack Welch (1981-2001), que llevó a GE a un valor de mercado de 14,000 a 410,000 millones de dólares, y los ingresos de 28,000 a 130,000 millones, cortando en el proceso 120,000 puestos a 390,000, y la jerarquía corporativa de nueve a cuatro niveles. La revista Fortune designó a Welch como Ejecutivo del Siglo.

La semana pasada, destacando su nuevo poderío, la SEC, a cargo de Mary Schapiro, impuso una multa, que GE pagó sin chistar, de 50 millones de dólares por repetidas violaciones que constituyen fraude en la presente década a los guarismos de sus reportes trimestrales, o sea, el tipo de maquillaje que hizo famoso a Enron.

Aquí es donde entra lo del monje. El año pasado, James Martin publicó una controvertida autobiografía, En Buena Compañía: La Ruta Rápida del Mundo Corporativo a la Pobreza, Castidad y Obediencia.

Egresado de la prestigiada Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pennsylvania, Martín trabajó seis años en GE a principios de los 80, justo durante el reinado de Welch. Fue de tal nivel su insatisfacción con la jungla corporativa que ingresó a un seminario. Es posiblemente el único jesuita con un MBA de Wharton.

Afirma Martin, cuya chamba era elaborar larguísimos reportes mensuales estadísticos desglosados por división, que en la era Welch era impensable no alcanzar los objetivos de ventas y utilidades. Dice que en su primer mes le indicó a su jefe que una de las muchas filiales en el extranjero mostraba números rojos. El jefe le contestó qué falta de creatividad, que simplemente agregara cantidades de áreas positivas para contrarrestar las negativas .

El sucesor de Welch, tras una de las búsquedas más sonadas de los últimos tiempos, resultó ser Jeffrey Inmelt, quien según las investigaciones de la SEC optó por mantener intactas las prácticas de su antecesor de mantener a como diera lugar el aura de invencibilidad de GE. Pero llegó la actual crisis con otras ideas.

El año pasado, por primera vez en décadas, Inmelt tuvo que reconocer que no se alcanzarían las proyecciones, lo que conmocionó a los mercados bursátiles pues, vale reiterar, GE fue durante mucho tiempo la más blue chip de las blue chips. El resultado ha sido que el viernes la acción cerró en 14.73, menos de la mitad del cierre de septiembre del 2008, y su valor de mercado cayó a 158,000 millones.

Hoy, la investigación de la SEC, aun después de haber impuesto la multa, se sigue centrando en la práctica indebida de aplicar utilidades de su principal filial, el hoy banco GE Capital, en derivados y otros instrumentos exóticos para tapar hoyos en otras divisiones y así siempre cumplir con las proyecciones. Para empezar, la indagatoria se remontará hasta el año 2000.

Lo que desnudó la práctica con derivados fueron las cuantiosas pérdidas de GE Capital, que se convirtió en banco comercial para poder tener acceso a los fondos de rescate de Washington, y que lo colocó al borde de la bancarrota.

En el momento actual, GE está enfrascado en una batalla de acusaciones mutuas con su auditor, KPMG, que en EU preside Timothy Flynn.

Al igual que ocurrió con Enron, KPMG jura que GE no le dio la suficiente información, mientras los de Inmelt dicen poder demostrar que sí se dio, lo que pasa es que algunos auditores locales la procesaron tal cual por la doble presión de altos ejecutivos de GE y de sus propios jefes que temían perder su cuenta principal.

En su libro, Martin afirma que GE instituyó la práctica de contabilidad de cobertura , que implica la creación de cuentas secretas como colchoncitos , fondeadas en tiempos de bonanza, para cubrir los resultados en tiempos de vacas flacas . Y, ¿dónde supone usted que se guardaban dichas cuentas? En GE Capital.

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