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El financiamiento de la universidad pública
Hace unos días, el Reforma anunció un recorte de una tercera parte del presupuesto federal destinado a educación. La noticia causó escándalo entre la comunidad y generó una contestación de la Secretaría de Hacienda de que había sido un pequeño error. Lo más triste es que las universidades afectadas estaban entre las más pobres del país: Veracruzana, de Morelos, del Estado de México, la de Chiapas y la Benito Juárez de Oaxaca y hasta la de Tabasco.
¿Cómo llegó la situación hasta aquí? Fundamentalmente por culpa de los gobernadores de los Estados, que eran los encargados de hacer llegar el dinero estatal y a veces el federal a la universidad. De otro modo, la universidad se quedaba sin ingresos, lo que ha pasado en universidades como la mía, la de Morelos, desde hace al menos tres años. Mala administración universidades incómodas... múltiples razones. Lo de menos es explicar cómo se llegó hasta aquí.
Tampoco debe extrañarnos el desdén del actual presidente hacia las universidades públicas —al grado que dejó quebrar a la de su estado, la del Estado de México—, quien es en buena causa culpable de la actual situación. Lo importante es cómo salimos de aquí.
Por eso a todos los académicos públicos nos extrañó sobremanera la filtración del Reforma a través de la que daba a conocer la orden del secretario de Hacienda a la Secretaría de Educación Pública de reducir en 32.5% el gasto destinado a educación superior. Gracias a Dios, como señalamos, Hacienda enmendó la plana tratándolo de un error menor.
No se trata de un error menor. Una buena sanidad pública y una educación pública de calidad son necesarias para que los países logren un nivel igualitario y próspero hacia el desarrollo. En muchos países europeos la universidad pública supera en calidad a la privada. En la universidad pública se forman infinidad de profesionistas que hacen posible la permeabilidad social. La poca investigación de calidad que se lleva a cabo en el país se hace en las universidades públicas. De las universidades públicas nacen las clases medias con conciencia que hacen posible la democracia.
No se trata de un pequeño error, sin transcendencia. Un gobierno decididamente de izquierda debe —sin perder su propia esencia— apoyar la universidad pública. Por eso es crucial en el Presupuesto de Egresos de este año contar con un buen rescate que vuelva la sanidad y la vitalidad a la universidad pública. Además denota una tosca estrategia política para mantener adeptos. Muchos de los votantes, si no la gran mayoría de los que votaron por Andrés Manuel son de universidades públicas. Abandonar las universidades públicas es traicionar su propio electorado, sin el que la cuarta transformación no pasará de un proyecto más en los planes nacionales de desarrollo sexenales. Además, los cientos de miles de universitarios que acuden a la universidad pública, en caso de no tener otra alternativa son carne de cañón para el crimen organizado y para la delincuencia. Está en el ADN de cualquier auténtico político de izquierda —repetimos— el apoyo irrestricto a la educación pública.
¿Se trató sólo de un error sin importancia? ¿Fue un error o la universidad pública no sirve como instrumento a la cuarta transformación de López Obrador, como la Policía Federal no sirve para el recién anunciado Programa de Seguridad? El grave riesgo es que a base de dejar de lado instituciones propias de cualquier Estado social de Derecho, AMLO termine su cuarta transformación en lugar de aprovechar su utilidad para ayudarle en el que dichas instituciones no son el enemigo a vencer, sino un aliado que considerar.
*Máster y doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.