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Opinión

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El detonar la inversión y el consumo como política fiscal promotora del desarrollo

Los datos que el INEGI ha venido entregando en las últimas semanas muestran que la recuperación económica no está siendo lo suficientemente fuerte como lo fue la caída iniciada en el 2019 y que se profundizó notablemente por el largo encierro que ha provocado el Covid. A esta información se suma lo registrado en EU en donde la recuperación, aunque mejor que la nuestra, sigue siendo débil. Las principales dificultades las encontramos en los rubros de la inversión y el consumo, así como en las actividades de servicios que están condicionadas a la terminación del confinamiento. El sector industrial tiene condicionamiento a la recuperación de la economía norteamericana. Es necesario atender a la inversión y el consumo. En ambos, el gobierno puede hacer mucho para que se restablezcan.

El gobierno no desea, ni puede, ampliar el gasto público para impulsar la reactivación. Como consecuencia de la falta de crecimiento y el ajuste cambiario peso-dólar en los dos primeros años de gobierno, la deuda ha subido en 1 billón de pesos y se encamina a llegar a 60% con relación al PIB. Lo anterior estrecha cada vez más el margen de maniobra para un mayor gasto público sin contar el otro billón que se destina a Pemex y CFE. Partiendo de que la estrategia para enfrentar a la pandemia, más la llegada del otoño-invierno, presumen el alargamiento del prolongado confinamiento, nuestro gobierno debe comenzar a trabajar intensamente en la inversión y el consumo. Para ello es determinante el sector privado en los estados y municipios del país, así como lograr su confianza. Las empresas que no son los gigantes económicos, sino aquellas de buen tamaño, las medianas y pequeñas, pueden generar importantes cantidades de inversión a lo largo del país ya que al final producen buena actividad económica y abundantes empleos; este sector empresarial debe de ser atendido en tanto se destraban las áreas energética e infraestructura que pareciera es la única agenda de las cúpulas empresariales.

Igualmente, el gobierno debe explorar, agregar a la fuerte fiscalización que el SAT lleva a cabo a los grandes contribuyentes, a los chicos y medianos, así como a los trabajadores independientes; un programa de diferimiento de contribuciones para liberarles temporalmente recursos que pueden destinar al consumo e inversión. Lo mismo ocurre con las devoluciones de IVA que últimamente han entrado en un inexplicable retraso. No se trata de condonar impuestos, sino diferir su pago temporalmente. Ello, además de activar el consumo, evita que el empleo formal se convierta en informal lo que, a largo plazo, impacta en la recaudación de impuestos y cuotas a la seguridad social. Promover un mayor diálogo con empresarios en todas las regiones del país, además de las cúpulas, y diferir el pago de impuestos a las pymes y profesionistas independientes puede ser un remedio eficaz para detonar la inversión y el consumo en el corto plazo.

@DrCarlosAlber10

Doctor en Desarrollo Económico, Doctor en Derecho y Doctor en Historia del Pensamiento Filosófico Especialidades en desarrollo económico en Oxford University y en Economía Internacional en Georgetown University. Profesor en la Universidad Panamericana y la Ibero. Ha colaborado en la Presidencia de la República, el Banco de México, la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, fue Ministro de Asuntos Economicos de la Embajada de Mexico en EEUU (Washington). Autor de libros en Regulación Financiera, Historia Económica, Política Fiscal, Políticas Públicas y Ética.

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