Lectura 3:00 min
El cuento de la ley
Al 30 de noviembre de 2021, el presidente Andrés Manuel López Obrador había dicho desde Palacio Nacional 55,042 afirmaciones no comprobables, 5,797 promesas, 4,241 compromisos y 1,788 afirmaciones falsas. Foto: Presidencia de la República
Resulta, aunque les moleste a algunos, que la conducta humana para conseguir su plenitud y desarrollo requiere de estructura y controles. Todos los psicólogos sabemos que un niño para madurar necesita saber qué se puede y qué no, si no sucede esto tendremos a la vuelta de poco tiempo un niño lobo o feral.
Desde hace muchos siglos, por una intuición salvadora de nuestros antepasados, antes de que hubiera investigaciones psicológicas (y por que la cochina realidad siempre se impone), las comunidades decidieron acordar qué está prohibido y qué está permitido para todos. Cuando se logró este sencillo, pero extraordinariamente útil acuerdo, nació simplemente la civilización. La cosa es muy clara: para convivir hay que delimitar a qué estás obligado, qué se permite y qué se persigue y ya. La ley si que es la ley, por ella somos capaces de vivir en sociedad y cumplir estos mandatos es obligatorio para absolutamente todos. Nada de que yo soy poderoso y por ello me paso por salva sea la parte las normas. Sin estos sencillos principios viviríamos en un capítulo de Game of Thrones donde, de acuerdo a su conveniencia, unos matan, someten, despojan, violan o torturan a otros. La serie me gustó mucho, es una distopía escalofriante, pero vivir así no está nada padre.
Que duda cabe, vivimos en México tiempos muy difíciles para la ley. Por un lado, un secretario de Gobernación que hace proselitismo para su partido a sabiendas de la prohibición que le impone como funcionario público la ley electoral; por otro lado, el mero mero de la Guardia Nacional presente (uniformado y todo) en actos electorales y tomando partido (cosa nunca vista en más de 70 años); ciudades tapizadas de propaganda electoral con la efigie del presidente y pagada por quién sabe quién y quién sabe cómo; un avión del Ejercito transportando funcionarios para hacer campaña; y un subsecretario de Seguridad que dada la paz y tranquilidad que reina en nuestro país, pide vacaciones para andar promoviendo a Morena de plaza en plaza. Pobre ley, ¡por qué la hemos abandonado!
Pero faltaba la cereza del pastel, en la mañanera del 6 de abril se atacó duramente a los ministros de la SCJN, se les dijo que parecían más bien “abogados patronales” los cuestionó duramente al preguntarles si podía más el poder de las empresas que el del pueblo y para finalizar, lo que da titulo a este texto, dijo el presidente textualmente: “No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley” dijo, ante el estupor de muchos de los que oímos esta frase demoledora para el estado de derecho de nuestro país.
En democracia nadie puede ni debe estar por encima de la ley, pero…los populismos están gobernando en muchas partes del mundo. Mayorías hipnotizadas y decepcionadas se encuentran hoy en ánimo de aceptar las mentiras, los otros datos y más que entusiasmadas con los que no respetan la ley.
Los lideres mesiánicos y los autoritarismos parecería que tienen (en ciertas épocas de desesperanza y cuando los partidos logran un desprestigio descomunal) un atractivo fatal para eso que dicen los populistas que se llama “pueblo” Al menos a mi el desastre que vivimos no me toma por sorpresa. Suerte.