Lectura 3:00 min
El costo real del tren en segundo piso de Guadalajara
Como se plantea, la Línea 3 del Tren Ligero representa el mayor impacto urbano negativo para Guadalajara de los últimos 50 años. Los análisis de costo-beneficio del proyecto no consideraron el costo real de la obra derivado de las afectaciones al entorno urbano y, sobre todo, la pérdida de una oportunidad para hacer de Guadalajara una ciudad sustentable y competitiva.
Esta omisión descartó en automático la alternativa de una línea totalmente subterránea u otras en superficie como los metrobuses. Guadalajara requiere una mejora fuerte en su transporte colectivo y la Línea 3 que transitará en la llamada ruta diagonal es primordial para alcanzar este objetivo. Para ser benéfica, la obra debe adaptarse a las características de la ciudad y de la ruta, que requieren una solución subterránea en su mayor parte y no sólo en el Centro, como se plantea. Si los recursos actuales son insuficientes para completarla adecuadamente este sexenio, habrá de realizarse por etapas, pero siempre con calidad. Las ciudades no se hacen en plazos predeterminados, requieren décadas, siglos, para forjarse.
Al costo de obra, estimado en 17,000 millones de pesos, falta agregar la reducción de la calidad de la ciudad por la implantación de una barrera física que la deterioraría, el aumento de la inseguridad y la baja del valor inmobiliario; factores difíciles de evaluar, pero con un costo que no se pondera en Guadalajara más allá de la imperativa necesidad de transportarse, insuficiente en una obra magna dada la degradación que conllevan infraestructuras elevadas de este tipo. Esto hace que la obra en segundo piso sea más costosa que la subterránea.
Una Línea 3 subterránea en Guadalajara disminuiría el aforo vehicular mejorando la calidad del espacio público y las áreas verdes, reduciría la contaminación ambiental. En ciudades como Boston, Portland, o Seúl, se demuelen infraestructuras aéreas para rehacerlas de forma subterránea, lo que revalora a estas ciudades. Guadalajara marcha en sentido opuesto.
Existe la duda de que el gobierno federal, promotor de la obra, esté informado que la ciudadanía de Guadalajara no desea el segundo piso, pues el silencio ha sido la constante entre los funcionarios estatales y municipales de Jalisco. Que Marcelo Ebrard se haya opacado por la Línea 12 de México demuestra que en proyectos mal planeados los beneficios políticos son modestos y los riesgos desproporcionados. Estamos a tiempo de revisar el proyecto en segundo piso en Guadalajara y de hacerlo bien.