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Opinión

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Ebrard: "más sabe el diablo por viejo, que por diablo"

¿Ebrard o Sheinbaum? Es la pregunta que se repite de una u otra manera en los medios de comunicación, redes sociales, notas y artículos de opinión. Todas las encuestas consultadas colocan a estos dos aspirantes cómo los punteros en la preferencia de los electores. 

Pero pocos se han hecho una  pregunta que debería tener la mayor pertinencia: ¿Quién sería mejor gobernante? ¿Quién le conviene más al país? Ninguno de los precandidatos gozará de una mayoría tan amplia en el Congreso como su antecesor. Tampoco ninguno arrastra la simpatía y el apoyo de las masas populares como AMLO. 

En un escenario político sin mayorías parlamentarias -como seguramente tendremos el próximo sexenio-, Marcelo Ebrard parece presentar las mejores cartas para lograr los consensos necesarios con partidos de oposición y dentro de Morena. También para encabezar una operación “cicatriz” en un país que AMLO dejará profundamente polarizado.

No es ningún secreto que hay sectores del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano que apoyan la candidatura de Ebrard algunos en público y otros en privado. Muchas de las facciones que lo respaldan son grupos de exfuncionarios y legisladores expriistas y panistas, que forman -o no- parte de su círculo cercano.

Como botón de muestra se puede mencionar el caso de los diputados poblanos Juan Carlos Natale, Julieta Vences y Miguel Carrillo, entre otros, que lo han apoyado públicamente. Otro ejemplo que vale la pena mencionar a manera de ilustración es la añeja relación de Ebrard con Dante Delgado. Varias fuentes han señalado que el dirigente de Movimiento Ciudadano le ha abierto la puerta para ser candidato presidencial. Y así, hay más etcéteras.

Otra ventaja que se le puede atribuir a Ebrard sobre Claudia Sheinbaum es la capacidad para desmarcarse de su actual jefe. Ella -y su candidatura-  dependen, obviamente, de la pura voluntad presidencial. En contrario, la candidatura de Ebrard se sostiene por sí sola. El Canciller sabe que será fundamental “cortar” el cordón umbilical con su antecesor y así afianzar su independencia -como paradójicamente lo marca la vieja ortodoxia priista que él conoce a la perfección-. Incluso, Ebrard podría meter en serios problemas a Morena si decidiera postularse por la coalición opositora, este escenario es improbable pero no imposible. 

Tampoco es casualidad que se encargue a Marcelo Ebrard los asuntos que tienen que ver con la parte moderna y próspera de México. Esa que está ligada al T-MEC y a la comprensión de las necesidades reales de la economía y el comercio internacional. Mientras tanto, a su contrincante no se le da muy bien la construcción de acuerdos de ningún tipo. Tampoco la comprensión compleja de la globalización, el libre mercado y la geopolítica. Vive en el pasado, como su jefe y mentor.

La imagen de Sheinbaum se exhibe en muchos  espectaculares y bardas donde aparece su sombra con cola de caballo. Pero su reputación se ahoga por la mala -o pésima- decisión de utilizar recursos públicos para apuntalar sus aspiraciones por encima de invertir en el mantenimiento y rehabilitación del metro de la CDMX. En cambio, un astuto Ebrard consolida su estructura de operación territorial sigilosamente. “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo” reza el refrán; Y el expriista sabe bien que las elecciones se ganan con votos. No con publicidad.

 

Twitter@EduardoTurrentM

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