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Donald Trump comunica pero no gobierna
Existe un personaje que nos ayuda a esclarecer la diferencia entre dos premisas: se gobierna a través de la comunicación o una buena comunicación contribuye a tener una mejor imagen de cualquier gobierno.
En efecto, se trata del presidente Donald Trump, quien revela todos los días su idea de que el acto de gobernar es cubierto en su totalidad por la comunicación, es decir: “eres gobernante porque comunicas” y no “comunicas porque eres gobernante”.
Al parecer, Trump llegó a la Casa Blanca bajo la creencia de que la Presidencia es un concurso tipo reality que bien podría llamarse “Rey por un día”. ¿Qué haría una persona sin experiencia política al frente de la Casa Blanca?
El problema, para Trump y el mundo, es que la Presidencia no se trata de un reality ni tiene un ciclo de vida de 24 horas. Para cubrir sus inexistentes rasgos políticos Trump ha decidido echar mano de su capacidad histriónica con la que trata de colocar implantes de líder político a su imagen. Lo hace comunicando “fortaleza”, como si el Despacho Oval hiciera las veces de un gimnasio.
En las horas que no pasa frente a la televisión, Trump promueve algunas de las políticas públicas de los republicanos. A la política exterior, una de las joyas que más han cuidado los anteriores presidentes debido a que históricamente ha sido la estructura que ha catapultado a Estados Unidos como la potencia global, la maltrata. Lo peor: la utiliza para levantar cortinas de humo para sortear las no pocas crisis internas.
Stormy Daniels
El 12 de julio, la actriz porno Stormy Daniels se trasladó a su lugar de trabajo como de costumbre. El club Sirens Gentlemen’s, anuncia su página web, es el único de Columbus, Ohio, que ofrece regaderas en el escenario. Se trata de un striptease. Esa noche, tres policías, dos hombres y una mujer, se hicieron pasar como clientes. Stormy se acercó a ellos y “colocó sus senos en la cara de uno de los agentes (y también) acarició el pecho de la mujer” (asegura el acta de la policía). Acto seguido le colocaron grilletes en sus muñecas y la llevaron a la cárcel porque no podía tocar a los clientes.
¿Todo el peso de la ley de Ohio para la enemiga de Trump? En realidad el acto intimidatorio tenía raíz política. La intención era darle un susto por enfrentar a Trump.
El martes pasado lo comprobó Michael Cohen al aceptar la culpa de ocho delitos, dos de ellos, relacionados con el pago de 280,000 dólares. A Karen McDougal, modelo de Playboy, le pagó 150,000 dólares y a Stormy, 130,000 dólares.
Trump quiso evitar que durante la campaña, McDougal y Daniels revelaran los detalles de sus relaciones sexuales con él.
Cohen se dio cuenta de que estaba perdido el día en que la policía allanó su departamento de la Torre Trump y un cuarto de hotel que utilizaba como oficina en Washington. Agentes de la policía encontraron varias grabaciones telefónicas. En una de ellas, entre Trump y el propio Cohen, el abogado le dice a su cliente que necesita crear una empresa “para la transferencia de toda esa información que tiene nuestro amigo David” (Pecker, según The Washington Post, editor de la publicación The National Enquirer, revista que pagó a Karen McDougal para que les diera la exclusiva sobre su relación con Trump. Lo que la modelo no sabía es que el dueño de la revista es amigo de Trump, por lo que esa entrevista nunca fue publicada). Y Trump respondió: “¿Qué financiación?”. Cohen: “Tendremos que pagar”. Posteriormente, Trump le dice que lo hiciera “en efectivo”.
Ahora, ya conocemos la historia. Trump podría ser interrogado por el abogado de Stromy, Michael Avenatti, un personaje brillante que mantiene en jaque a Trump.
La tarea de comunicar en tiempo real, forma en la que gobierna Trump, lo ha hecho tropezar con sus propias mentiras. Primero negó la historia de Stormy. Después negó que le hubiera pagado. Otro día salió ante medios su asesor Rudolph Giuliani para decir que sí le había pagado de su propia bolsa. Ahora, asegura Trump que sí lo hizo pero sin violar la ley electoral porque no utilizó dinero de la campaña.
Cohen asegura que el objetivo de los dos pagos era impedir que las dos mujeres le cerraran el paso de la carrera electoral.
En fin. Comunicar mentiras en exceso es un riesgo.
Giuliani y López Obrador
Entre las flores que obsequia Trump a López Obrador se encuentra la eliminación de obstáculos en la negociación del TLCAN. Y claro, la clásica tarjetita con palabras de amor:“Me gusta México. Me agrada su nuevo líder. Creo que podría ser estupendo. Un poco diferente a nosotros. Creo que me va mejor con él que con el capitalista (de Peña Nieto), él sabe que México necesita a Estados Unidos”.
Marcelo Ebrad hizo efectiva su relación con Giuliani. Los vincula la “tolerancia cero”, la estrategia de seguridad que el exalcalde de Nueva York le vendió al gobierno de López Obrador cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal.