Buscar
Opinión

Lectura 7:00 min

Don Plutarco responde

El viernes apareció en la bandeja de entrada de mi correo electrónico un e-mail con un asunto denominado Respuesta de don Plutarco y el clip que indica un documento adjunto. A riesgo de ser víctima de un hacker que invadiera con un virus mi computadora, lo abrí. El mensaje enviado por alguien del que no revelaré su identidad, comienza con un saludo a mi persona y continúa con una explicación: Soy un hombre de 40 años y tengo el don de ser médium espiritual. Sin proponérmelo me visitan espíritus de diversa índole que se manifiestan de diferentes formas, lo hacen sin invitación ni cita previa, lo cual no deja de ser molesto.

Tal vez usted sea escéptico al tema del espiritismo, pero mi experiencia personal me permite afirmar la existencia de un universo paralelo al nuestro habitado por los espíritus de los que algún día tuvieron cuerpo. Algunos de éstos tienen la fuerza o potencialidad de utilizar los cuerpos de los vivos que tenemos la facultad paranormal de poder ser su ‘caja’: toman nuestros cuerpos, en calidad de comodato, para hacerlos instrumento de sus deseos.

No tiene usted idea de lo incómodo que resulta tener la capacidad de la que hablo. Mi espíritu es como una ‘diputada juanita’ que en el momento que el espíritu visitante quiere tiene que renunciar a la curul de mi cuerpo. En ese instante dejo de ser yo, para tomar la identidad de la inmortal sustancia que me posee.

Una noche de luna llena en la que me encontraba en una ganadería de reses bravas, mi espíritu fue desplazado de mi cuerpo por el del insigne torero Juan Belmonte, que lo usó para torear desnudo y subrepticiamente, como dicen sus biógrafos que lo hacía a orillas del Guadalquivir cuando era un ‘maletilla’, un toro que apartó del hato. El resultado de esa experiencia fue una neumonía mezclada con una cornada de dos trayectorias de pronóstico reservado.

Con todo, ésa no ha sido la peor consecuencia que he sufrido por ese atributo paranormal con el que nací. Hace dos meses mi espíritu fue desalojado de mi cuerpo para darle lugar al del célebre escritor Salvador Novo, quien tenía el deseo de conocer un moderno antro gay para gozar y divertirse. No sé si el señor Novo logró su objetivo, lo que sé es que mi cuerpo amaneció adolorido y todavía hoy siento molestias al sentarme.

El motivo de esta misiva es decirle que anoche mi cuerpo fue penetrado por el espíritu del señor General don Plutarco Elías Calles -lo reconocí por el bigote-. Ocupando mi cuerpo y mi computadora, el General redactó una carta dirigida a usted. Le adjunto el documento dándole las gracias por su atención a la presente .

Transcripción de la carta

Señor Manuel R. Ajenjo. Distinguido columnista: Utilizo esta ancheta, remedo de máquina de escribir, a la que los modernos llaman computadora, para manifestarle mi desacuerdo con lo que usted escribió el pasado día 22 del presente. Me molestó, sobremanera, el parangón que usted se atrevió a hacer entre mi persona, fui un revolucionario, progresista y nacionalista, y la del señor Felipe Calderón que viene siendo mi contraparte. ¿Cómo se atrevió a comparar al Jefe Máximo de la Revolución con el Jefe Mínimo de la Reacción?

En vida fui un creyente del espiritismo y en muerte he podido comprobar la existencia del mundo del espíritu, lugar en el que me encuentro en compañía de otros hombres y mujeres que compartimos esa creencia, como don Panchito Madero, el primer Presidente de la Revolución, quien no ha podido comunicarse, como ahora lo hago yo, con ustedes los vivos dado que por su corta estatura no ha encontrado una caja de su talla. Más que médium, requiere small.

Pasé a la historia como el hombre que inauguró la etapa de las instituciones políticas, sindicales y partidarias que durante 70 años le dieron estabilidad y permitieron el progreso de nuestro querido México. Si bien es cierto que para hacerlo prescindí de la democracia, en mi haber debe anotarse que acabé con el caudillismo que tenía al país convertido en un caos. ¿Cómo aventura usted equiparar a su servidor, al que le tocó establecer las bases del Estado moderno, con el hombre que lo conduce al nivel de fallido? Aunque habría que abonar, en afán justiciero con el actual Presidente, que recibió las instituciones en estado de avanzada putrefacción.

Un argumento que usted, equivocadamente, esgrime para relacionar el parecido entre Calderón y mi persona es que éste, tal como yo lo hice entre 1928 y 1934, quiere a trasmano ser la máxima autoridad en su partido e imponer al candidato para sucederlo. Permítame decirle que si bien yo impuse esta sana y necesaria costumbre, la hicieron suya todos los presidentes a partir del General Cárdenas, por lo que las ansias de poder transexenal de don Felipe no son ninguna novedad. Yo impuse en la Presidencia a Portes Gil, Ortiz Rubio, Rodríguez y Cárdenas. Éste me salió respondón y con inesperada habilidad política, lo reconozco a la luz de la historia y al paso del tiempo, se deshizo de mí, lo cual era necesario para inaugurar la etapa del monarca sexenal . Lo que sí me pareció una falta de respeto fue el método con el que Lázaro me expulsó del país: salí de madrugada y en pijama, sólo me permitieron tomar un abrigo, mi sombrero y el libro que ese momento leía, Mi Lucha, de Adolfo Hitler. (Libro que algunos ignorantes creen que trata de la vida conyugal del después llamado führer con su esposa Luz María).

Menciona usted en su columna a don Manuel Gómez Morín, que fundó el conservador partido Acción Nacional para hacer contrapeso a la política socializante del presidente Cárdenas. Este hombre que fue mi colaborador en la fundación del Banco de México, era conservador mas no reaccionario, fue un patriota ejemplar al que ninguno de los actuales panistas le llega a los zapatos.

Pero volviendo a la incorrecta analogía de su artículo, dice usted que la guerra cristera que yo emprendí contra la Iglesia católica es parecida a la guerra de Calderón contra la delincuencia. El símil que usted establece podría considerarse correcto al amparo de la frase que algunos atribuyen a Marx y otros a Lennin: La religión es el opio de los pueblos . Fuera de eso no vale la comparación. El instrumento armado que yo utilicé contra los curas y sus feligreses, carne de cañón, que mandaban por delante aprovechándose de su fanatismo religioso, era un ejército disciplinado y leal con una estrategia previamente diseñada. La guerra cristera duró tres años y terminó en empate.

El brazo armado de Calderón está constituido por improvisados y traidores sin ninguna planificación táctica. Su guerra va para los cuatro años, la va perdiendo y nadie sabe cuándo acabará.

Al leer su artículo me di cuenta que usted, amiguito, también sostiene una guerra, la suya es contra la sintaxis. Preposiciones mal usadas, sujetos en singular y complementos en plural y viceversa. Con espanto leí un se hechó la soga , donde debería leerse se echó la soga . Estas observaciones las hago porque antes de la política me dediqué a la enseñanza. Fui docente cuando los maestros, y las pocas maestras que había, nos dedicábamos a enseñar a leer y escribir bien. No como ahora que una maestra, en particular, se dedica a enseñar las chichis y su inexplicable riqueza.

Sin más por el momento, me despido atentamente: General Plutarco Elías Calles.

P.D. La única semejanza que encuentro con Calderón es que a mí, por mi ascendencia libanesa, me llamaron El Turco y a él, por su empecinada lucha, le dicen El Terco.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas