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Opinión

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Del confinamiento y la depresión

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Todos en algún momento de nuestras vidas hemos estado deprimidos. La sensación de tristeza, el abatimiento, el sentirnos infelices y sin fuerzas para seguir adelante, son parte de la variedad de rostros que tiene esta devastadora emoción.

Comencemos por decir que una verdadera depresión no es un malestar afectivo pasajero, por el contrario, es un estado de ánimo duradero, prácticamente permanente que puede obedecer a una causa especifica (o no) y que no mejora sola a lo largo de los días.

La perdida de un familiar, de un empleo, el divorcio, los cambios bruscos en nuestra cotidianidad, pueden generar esta alteración psicológica considerable. Y desde luego un estímulo gatillo que nos pueden hundir en la tormenta de la autocompasión y en desgano es: el confinamiento. La interminable cuarentena que estamos viviendo es una situación más que propicia para entrar en esta peligrosa espiral emocional.

Durante la reclusión —si tenemos el privilegio de poder trabajar desde casa— es posible que por momentos nos sintamos tristones, es posible también que durante algunas horas nos comportemos como un verdadero depresivo, pero generalmente al cabo de un tiempo razonable comenzamos a reaccionar y somos capaces de deshacernos de estos sentimientos de desesperanza por complicada que veamos nuestra realidad y nuestro futuro. Si en estos tiempos revueltos le ha sucedido esto, no se preocupe, todos los humanos padecemos episodios depresivos de este tipo y más en estas condiciones. Es absolutamente normal. 

Pero si este cuadro permanece y no disminuye al paso de unos días tenemos que ocuparnos de ello. Un brote depresivo es una llamada de atención, una alerta roja para conseguir apoyo. Generalmente estos episodios comienzan con una tristeza profunda que no se va con nada, es frecuente que estas personas comiencen con manifestaciones psicosomáticas de su malestar: pueden tener insomnio, poco apetito, accesos de llanto inesperados, dolor de cabeza, para llegar, si esto avanza, a una fase de inhibición psicomotora donde ya no ha energía para levantase, bañarse, ni para trabajar o vestirse, ni energía de hablar con nadie de sus problemas.  El síntoma central es la incapacidad para recibir o dar afecto, señal inequívoca de una profunda depresión. El afectado se encuentra tan ensimismado en sus problemas que no puede prestar atención a nada ni a nadie mas. 

Si tiene usted un amigo o familiar deprimido, por favor evite hacerle los siguientes comentarios: "tienes que hacer un esfuerzo y poner de tu parte"; "échale ganas, tu puedes" o "pero si tienes salud, lo tienes todo"; "hay otros que están peor que tu". Este tipo de comentarios es una bofetada para el deprimido que ante ellos se siente más desmotivado y más solo que nunca.

La peor reacción ante el deprimido es enojarse, hacerle reproches, decirle lo fastidioso que es u obligarlo a la actividad.

El deprimido no esta así por su gusto y no depende de el ni de su voluntad, salir del infierno en el que vive. Cuando la depresión se dispara (por un estimulo externo, como en el caso del confinamiento) se produce un desbalance bioquímico cerebral, que se puede controlar a través de la psicoterapia, el apoyo psicológico y/o el manejo con antidepresivos. La depresión es una enfermedad que se cura con ayuda especializada y medicamentos. El paciente debe seguir un tratamiento, tomar las medicinas que le prescriba un médico —de preferencia un psiquiatra— y acudir a las citas (vía telefónica o por zoom) con el psicoterapeuta. Tome en cuenta que en la etapa mas seria de este trastorno las relaciones sociales son muy difíciles y forzarlas no da buen resultado. 

En tiempos del COVID-19 la depresión puede volverse peligrosa ya que se acompaña muchas veces de una baja en el sistema inmunológico que redunda en una mayor probabilidad de contraer el virus. La ayuda y el apoyo respetuoso de familiares y amigos es de vital importancia para hacer frente a este problema.

La vida es una larga carrera de resistencia, y el coronavirus nos ha obligado a superar un obstáculo más que a veces parece infranqueable. La buena noticia es que en la mayoría de los casos, cuando bajo este tipo de presiones enfrentamos a nuestros fantasmas… resulta que somos capaces de vencerlos.

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