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Opinión

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De Ponzi a Madoff, el fraude del siglo

El financiero estadounidense Bernard Madoff, en sólo unos días, pasó de ser un supuesto gurú de los fondos de inversión, al más grande defraudador del siglo, con un monto que se estima superara los 50,000 millones de dólares. Pero, ¿cómo fue esto posible?

Para entender la estructura que utilizó Madoff en su fraude, remontémonos a principios de la segunda década de 1900, con el famoso estafador italo-estadounidense Carlo Ponzi, creador de la estafa maestra llamada esquema Ponzi.

El esquema Ponzi consiste en una operación fraudulenta de inversión, la cual implica el pago de prometedores rendimientos en el corto plazo.

En realidad, esta estafa consiste en un proceso en el que las ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas gracias a nuevos inversores que caen en el engaño por las promesas de obtener grandes beneficios.

El sistema sólo funciona si crece la cantidad de nuevas víctimas o estas son complementadas con las reinversiones de los primeros clientes.

Al principio, este esquema paga altos intereses para generar confianza en los inversionistas, pero a medida que el tiempo avanza, ante la falta de nuevos inversionistas, de reinversiones o simplemente ante la demanda masiva del pago de intereses por alguna causa exógena al esquema, se descubre la falta de soporte de dicho modelo.

El sistema Madoff se basaba en la pirámide de Ponzi, que remuneraba a los primeros inversores con el dinero obtenido por los nuevos depositarios, sin ninguna estrategia de inversión.

Madoff creaba sociedades fantasma, fondos de inversión situados en paraísos fiscales, como las islas Caimán, las Bermudas o Singapur, pero en sus negocios también intervenían grandes bancos como Crédit Suisse, Santander y UBS, que proponían los productos Madoff a sus clientes más acaudalados, mientras que otros, como HSBC o Royal Bank of Scotland, prestaban sumas importantes de dinero para esos fondos. Madoff no prometía al principio grandes beneficios, empezaba con 10% y se ganaba poco a poco la confianza de los capitales que estaban contentos con los beneficios originalmente obtenidos. Su red se extendía a Estados Unidos, Europa, Oriente Medio, Asia y hasta China. Y quizás sus negocios podrían haber proseguido de no estallar la actual crisis financiera después de la caída de Lehman Brothers.

Pero, ¿es posible que nadie se percatara de que esto podía suceder? El negocio era insolvente y lo fue durante años , reconoció el propio Bernard Madoff el día de su detención.

Su firma, Bernard Madoff Investment Securities LLC, ya había sido investigada en 1992 por la SEC (Securities and Exchange Commission), pero ningún auditor pudo probarle nada.

En 1999, nuevamente, algunos de sus competidores en el mercado de la inversión especulativa le pidieron a la SEC que revisara las operaciones del consorcio Madoff, que a simple vista podrían parecer normales, pero en el fondo no lo eran; sin embargo, de nuevo no se logro probar nada.

Si bien es cierto que Bernard Madoff logró convencer a la gente que poseía una fórmula secreta para generar dinero, la falta de moral y ética empresarial, y no se diga la ambición desmedida de grandes y pequeños inversionistas, permitió y solapó que esta gran estafa tuviera lugar.

Mas allá de tecnicismos económicos y financieros, estamos ante el resultado de la descomposición moral de la sociedad, es la carencia de principios y valores que permitirían llevar con responsabilidad las riendas de una familia, una empresa, un estado y la sociedad en su conjunto.

Mientras no logremos formar bases sólidas que permitan desarrollar comportamientos honestos con una visión de responsabilidad social y bien común, no sólo en el ámbito de las finanzas o la economía, sino en toda actividad que influya en el desarrollo y crecimiento de la sociedad, seguiremos encontrando entre nosotros más Madoff’s y Ponzi’s.

*Abraham Hernández es coordinador administrativo de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México Norte y su correo electrónico es fen@anahuac.mx

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