Lectura 4:00 min
¿Cuánto nos falta para ser un país de clase media?
Ser un país con una clase media grande o grandota tiene implicaciones en la vida pública: una sociedad más exigente demanda un gobierno más eficiente.
La clase media en México creció 17% en la década pasada, indica el Banco Mundial. Eso suena bien, pero no es motivo de celebración. No es una buena noticia. En primer lugar, porque eso significa que estamos rezagados respecto de América Latina, donde la clase media creció 50% en el mismo periodo. En segundo lugar, porque ese 17% de crecimiento no es suficiente para volvernos un país de clases medias: el grupo predominante sigue siendo la clase baja. En tercer lugar -y, quizá, el más importante-, porque ese magro crecimiento refleja un asunto más grave: no hemos tomado la decisión como país de apostar por ser clasemedieros.
México no tiene una política pública consistente para desarrollar las clases medias. Puede parecer una frivolidad hacer este planteamiento en un país que tiene más de 40 millones de pobres. No lo es. Ganar entre 6,000 y 15,000 pesos implica que se está en uno de los tres primeros deciles económicos de México, pero eso no quiere decir casi nada, más allá de la estadística. Una familia en este rango de ingreso es clase media, pero nueva clase media. Antes, dicho estatus era sinónimo de estabilidad; ahora, es encarnación de la vulnerabilidad. Uno de los eslabones más débiles de la cadena: una enfermedad, un divorcio o un despido laboral bastan para arrojarlos del paraíso .
No es casual que el informe del Banco Mundial ponga tanto énfasis en la vulnerabilidad de la clase media, en particular, de lo que ellos llaman clase media baja. El incremento de ella está vinculado con una buena racha de crecimiento económico y a la ejecución de políticas sociales orientadas a facilitar la movilidad hacia la clase media desde la clase baja.
Uno de los mayores retos es generar políticas públicas que impidan la movilidad en sentido descendente. Esto puede traducirse en formas creativas de protección social e innovación en el sistema educativo. La educación de calidad es un factor crucial en el desarrollo de las clases medias, pero América Latina es la región donde es mayor la diferencia en la educación a la que tienen acceso las clases altas y bajas. Dicho de otra manera: el sistema educativo exacerba la desigualdad de oportunidades, en vez de atenuarla.
¿Por qué preocuparse por ser un país clasemediero? Ser un país con una clase media grande o grandota tiene implicaciones en la vida pública: una sociedad más exigente demanda un gobierno más eficiente. Esta exigencia, en democracia, mejora la calidad de los gobiernos. En materia económica, las clases medias son fundamentales para el desarrollo del mercado de bienes de consumo duradero: automóviles, electrodomésticos y viviendas, así como de algunos servicios relativamente sofisticados por ejemplo turismo y entretenimiento. En un escenario internacional plagado de riesgos, el tener una clase media amplia otorga estabilidad al crecimiento económico, es más sostenible que un modelo basado en las exportaciones , apuntaba el Brookings Institute en el 2011.
AL ha empezado a proyectarse como un continente de clases medias. Lo dice el informe del Banco Mundial y lo confirman las políticas emprendidas por varios países. Sebastian Piñera habla de un Chile donde no habrá extrema pobreza en el 2020. Dilma Rousseff enfatiza que Brasil tendrá la clase media más importante de la región. México todavía no da el paso, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo?
lmgonzalez@eleconomista.com.mx