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Opinión

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Crisis financieras y burbujas especulativas; ambición vs. pánico (I)

En la década de 1630, los tulipanes se pusieron de moda. Seis años después la admiración por éstos, se convirtió en una especulación irracional. Los inversionistas empezaron a adquirirlos por la expectativa de que subieran de precio

A principios del siglo XVIII, tanto Inglaterra como Francia sufrieron crisis económicas severas, resultantes de una intervención equivocada del gobierno; la crisis de Francia no se pudo resolver en los reinados de Luis XV y Luis XVI

(Primera parte)

Ante la volatilidad reciente de las bolsas de valores y de las criptomonedas, hace sentido analizar los episodios de alta especulación y pánico a lo largo de la historia. Son muy conocidas las historias del desplome de Wall Street en 1929, las caídas de las bolsas de valores en 1987 y la crisis hipotecaria del 2008, pero poca gente sabe que las burbujas especulativas y las crisis económicas se han dado de manera reiterada en la historia.

En el siglo XVII, Holanda desplazó a España como la mayor potencia en Europa. El secreto del éxito de Holanda se explica en gran medida por el desarrollo de un sistema financiero basado en la confianza en los derechos de propiedad y en el estricto apego al pago de los créditos.

La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, fundada en 1602, obtuvo el monopolio del comercio internacional de Holanda, importando textiles de India, oro y seda de China, cobre y plata de Japón, pimienta de Java, canela de Ceylán y café de Arabia y de Java.

Los fundadores de esta compañía financiaron, inicialmente, sus proyectos marítimos para la búsqueda de rutas comerciales a través de deuda y, posteriormente, distribuyeron el riesgo entre un número creciente de inversionistas a través de la venta de acciones. Fue tal el interés de los inversionistas que detonó un activo mercado secundario de acciones, lo que dio origen a la primera bolsa de valores de la historia, fundada en Amsterdam en 1608.

En ese entorno de crecimiento comercial e innovación financiera, se dio una de las mayores crisis de especulación en la historia, donde la gente empezó a invertir de manera irracional en un objeto de adorno y de lujo: los tulipanes.

En la década de 1630, los tulipanes importados de Turquía y de Persia se pusieron de moda entre las clases altas de Europa. En 1636, la admiración por los tulipanes se convirtió en una especulación irracional. Los inversionistas empezaron a adquirirlos no por su valor estético, sino por la expectativa de que subieran de precio. La gente empezó a atesorar los bulbos de los tulipanes que se plantaban en el verano para cosechar las flores en abril o mayo del año siguiente. Es interesante que este tipo de especulación dio origen a una serie de instrumentos financieros muy utilizados en la época actual: los derivados.

Debido a que el intercambio comercial se podía efectuar únicamente en los cuatro meses del verano, el resto del año los compradores y vendedores firmaban contratos para intercambiar el producto en el verano. En estos contratos, se determinaba el precio, la fecha de entrega y el monto del pago. Así fue como inició el mercado de futuros.

Muchas familias dominadas por la ambición vendieron sus propiedades para especular con tulipanes. En febrero de 1637, la burbuja explotó y los compradores de futuros se negaron a honrar su compromiso de compra. Ante la negativa de los jueces a intervenir en un tema de especulación pura, se estableció un mecanismo donde los compradores tenían la opción de salirse de su compromiso de compra, pagando únicamente una fracción del precio pactado.

De esta manera, nació el mercado de opciones. Poco tiempo después, ante la continuación de la burbuja especulativa, el gobierno intervino de manera tardía, interrumpiendo el comercio de opciones, por lo que los precios se desplomaron ante el pánico de los participantes. El impacto de la “manía de los tulipanes”, aunque contribuyó al desarrollo de los mercados de futuros y opciones,afectó severamente los patrimonios de muchas familias holandesas.

A principios del siglo XVIII, tanto Inglaterra como Francia sufrieron crisis económicas severas, resultantes de una intervención equivocada del gobierno en los mercados financieros. En 1711 el gobierno británico, con el objetivo de resolver un problema de endeudamiento, creó la Compañía de los Mares del Sur, que tenía los derechos exclusivos del comercio con América Central y América del Sur.

El gobierno británico promovió, incurriendo en un conflicto de interés, la compra de acciones de esta empresa con la promesa de un rendimiento garantizado. Cuando los británicos derrotaron a los españoles en 1719, el gobierno inglés lanzó un plan de refinanciamiento de deuda pública a través de una nueva emisión de acciones de la compañía. Los precios de las acciones se multiplicaron en una ola de especulación en el primer semestre de 1720.

Sin embargo, el dominio de España sobre las colonias y las continuas guerras entre Gran Bretaña y España impidieron que floreciera el comercio internacional en esa zona. Este hecho le impidió al gobierno cumplir sus promesas de rendimiento y las acciones regresaron a su precio original. Esta crisis bursátil llamada la “burbuja de los mares del Sur” fue devastadora para muchas familias inglesas. El famoso físico inglés Isaac Newton fue uno de los afectados por esta crisis financiera.

Un caso similar se dio en Francia a principios del siglo XVIII. Después de años de guerras bajo el reinado de Luis XIV, la monarquía francesa había acumulado una enorme deuda pública y requería de enormes sumas para refinanciarse. En ese entorno económico, el gobierno de Luis XV le otorgó el monopolio de la colonización del territorio de Luisiana a la Compañía del Mississippi fundada en 1717. Esta nueva empresa, que era dirigida por el escocés John Law, quien a su vez dirigía el Banque Royale (el Banco Central de Francia), le prestó 1.2 billones de libras francesas a la corona, para que ésta pagara la totalidad de la deuda pública.

La Compañía del Mississippi emitió acciones en 1719, esparciendo rumores de grandes oportunidades en la región y ofreciendo rendimientos de al menos 120% a los accionistas, lo que provocó una gran especulación sobre sus acciones. Cientos de personas hacían fila diariamente para vender sus propiedades y joyas y poder adquirir acciones del Mississippi, cuyo precio se había multiplicado en pocos meses. Voltaire escribió: “¿se han vuelto locos todos en París?”.

Cuando se hizo evidente que la expectativa de crecimiento de Luisiana era infundada, el precio de las acciones de la compañía empezó a bajar. Con el objetivo de estabilizar el precio de las acciones, el Banque Royale, en un acto de irresponsabilidad, compró acciones de la compañía emitiendo circulante, lo que agravó aún más la situación, ya que todo el sistema financiero francés entró en esta burbuja especulativa.

El gobierno de Francia había emitido papel moneda sin respaldo, por lo que, cuando la burbuja accionaria explotó en 1720, tanto las notas bancarias (papel moneda) como las acciones se desplomaron, a pesar de los esfuerzos del gobierno por mantener el precio. Las multitudes se arremolinaron afuera del banco lanzando piedras y rompiendo ventanas. El Banque Royale tuvo que cerrar sus puertas, Law huyó y muchos parisinos perdieron sus fortunas.

A diferencia de Inglaterra donde la Compañía de los Mares del Sur nunca adquirió el control del Banco de Inglaterra, en Francia, la burbuja del Mississippi provocó una desconfianza tal que los franceses rehuyeron del papel moneda y de las acciones por generaciones.

De hecho, la crisis económica de Francia no se pudo resolver en los reinados de Luis XV y Luis XVI, lo que desembocó en la quiebra financiera de la monarquía, hecho que precipitó la Revolución Francesa.

*El autor es director general de Banca Privada y Mercados de Banco Monex. Sus opiniones son personales y reflejan su interés en aprender de la historia.

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