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Opinión

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Convivir con la incertidumbre

La notable economista inglesa Joan Robinson dice en uno de sus libros: “Sólo hay una cosa peor que no ser explotado por capitalistas, es no ser explotado en absoluto”.

Ante el depredador desempleo mundial, producto de las crisis económicas y ahora por la pandemia, los seres humanos piden ser explotados. Asociado al desempleo está la desigualdad.

“Las cifras sobre desigualdad en Estados Unidos son apabullantes. El 1% de la población (160,000 familias) concentra 90% de la riqueza total del país y sólo 10% lo tiene el resto de la población.

Un ejemplo de ansia insaciable de posesión es la fortuna de Jeff Bezos, fundador y director de Amazon, que asciende a 135,000 millones de dólares, equivalente a dos millones de veces el ingreso familiar promedio en Estados Unidos.

En todo el mundo la desigualdad es inherente al modelo productivo y al sistema democrático. Una meta alcanzable en contextos negociables, fuera de utopías desestabilizadores de triste memoria, es que las personas que tienen los niveles muy altos de ingresos aporten más a la sociedad.

Sin embargo, todos los gobiernos conocidos de la historia han sido de minorías. Y hay una gran diferencia entre una élite de conciencia y una élite de privilegio, esta última defiende sus intereses en un concentrado de pasiones políticas.

Explica que un número extraordinariamente reducido de seres humanos determinen el futuro de la humanidad.

En la única región del mundo en donde existe una contribución importante de los muy ricos es en los países escandinavos, que tienen a la socialdemocracia como modelo. Con ello financian su Estado de Bienestar. Son países con poca población y racialmente homogéneos.

En los países en desarrollo, además de enfrentar con muchas dificultades el enorme deterioro por la pandemia, de lo que se trata es de crear las condiciones para mejorar. De ahí que la prioridad sea el crecimiento económico para crear empleos, ingresos, inversión y consumo.

Es necesario evitar la explotación desmedida de los recursos naturales cuidando los ecosistemas y articular un conjunto de políticas concurrentes.

Se trata de pensar y aprender de las experiencias exitosas basadas en una mayor inversión en capital humano, una macroeconomía estable, una microeconomía competitiva y una vasta relación con el mundo.

La inversión en capital humano es invertir en educación, salud, seguridad social y vivienda. Ello permite más conocimiento y destrezas de la población, promover las aportaciones individuales y despertar la racionalidad y los sentimientos positivos del ser humano. Como invitadas de honor las tecnologías digitales, propiedades valiosas del siglo XXI.

Una macroeconomía estable permite defendernos de las vulnerabilidades que crea la economía internacional y establecer las condiciones para que exista confianza. En tanto la economía se mantenga sólida, el sistema financiero estará preparado para retener el ahorro para atender las demandas de crédito.

Una microeconomía competitiva se logra con estabilidad de precios porque así se promueve el ahorro y la inversión.

Sin precios razonablemente estables respecto de otros países no habría tasas de interés bajas.

Se trata también de promover sectores con mayor valor agregado y capacidad tecnológica a través de políticas de desarrollo productivo.

Una vasta red de relaciones políticas y económicas con el mundo, nos da acceso a lo mejor de la creatividad humana.

smota@eleconomista.mx

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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