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Opinión

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Banxico quiere pero, ¿puede bajar las tasas?

La tasa de interés de referencia del Banco de México (Banxico) tiene margen para bajar la inflación, está claramente estable dentro de la meta que se fijó el Banxico. La economía mexicana enfrenta una clara desaceleración, los organismos internacionales recomiendan relajar las políticas monetarias y la Reserva Federal estaría cerca de implementar un nuevo plan de liquidez.

Si están dadas todas estas condiciones, ¿por qué el banco central mexicano no podría bajar sus tasas de interés? Porque no está entre sus facultades cuidar el crecimiento económico.

El mandato único de Banxico es cuidar el poder de compra de la moneda que emite en exclusiva. A diferencia de otros bancos centrales, no le toca ser el garante del crecimiento económico.

Sin duda, sería importante que el Banco de México fuera corresponsable del crecimiento del país porque cuenta con los instrumentos para influir en esta tarea.

Las tasas de interés son una válvula monetaria importante y la concentración de las dos tareas en la mira de los expertos del banco podría lograr un juego de equilibrios entre crecimiento e inflación.

Pero no, el banco central mexicano está sujeto a la misma parálisis legislativa y operativa que el resto de las instituciones del país y, por ahora, no aspira a lograr los consensos políticos que le brinden esos súper poderes económicos para su autonomía.

Como sea, Banxico es una institución que tiene poco tiempo de gozar de prácticas más modernas, como la autonomía o la trasparencia. Hasta hace poco, el banco emisor era como el resto de la economía: se manejaba desde Los Pinos.

Pero entonces, ¿podrá el instituto, que gobierna Agustín Carstens, bajar las tasas de interés sin violar su principio único de cuidar que no suba la inflación?

Porque no hay mejor aliado de la inflación controlada que el dinero caro. Pero eso corre contra la recuperación del país. Y está claro que ésta es hoy la principal preocupación nacional.

Pues hay una rendija que le abre la Reserva Federal con su próxima reunión de dos días. Y es que si la autoridad monetaria de Estados Unidos opta por una tercera tanda de dólares para inundar los mercados, México quedaría en una posición restrictiva en su política monetaria, algo injustificable en tiempos de vacas flacas.

Entonces, el pase a gol se lo tiene que poner la Fed, de Ben Bernanke, para bajar aunque sea un cuarto de punto o medio punto la tasa, actualmente en 4.50 por ciento. Porque Carstens podrá tener 1,000 argumentos y sugerencias para aumentar el ritmo económico, como sugerir a las calificadoras que mejoren las notas de la deuda mexicana o volver a llamar a los legisladores para que hagan su trabajo pendiente con las reformas estructurales. O recurrir a las analogías que tanto le gustan al gobernador Carstens, como la nueva que se aventó de la resistente barca económica mexicana (remember el catarrito).

Pero lo que realmente puede aportar desde su posición actual es una baja a las tasas de interés que decida él, junto con el resto de la Junta de Gobierno.

Y seguro que si la decisión es bajar las tasas de interés, habrá la justificación perfecta que se acomode a sus límites legales.

Pero no queda duda que en la modernización pendiente del país no estaría mal revisar los alcances del banco central en este juego económico.

LA PRIMERA PIEDRA

Los mismos sindicatos que, en su momento, se negaron a ceder un poco en sus condiciones laborales para salvar a Mexicana de Aviación cuando todavía volaba son los mismos que hoy prometen enormes sacrificios para salvar unos cuantos aviones, algunos pocos empleos y el nombre de esta compañía.

El estado de coma de la empresa aérea se prolongará ahora hasta el 28 de octubre, tiempo en el que los sindicatos de pilotos, sobrecargos y personal de tierra prometen convencer a los trabajadores de aceptar una reducción en el pasivo laboral para que el accionista que se interese no tenga que aportar una cantidad tan alta como la que ahora se exige.

Va a ser difícil que las asambleas de trabajadores acepten tan fácil ceder en las negociaciones, pero ya es ésta una fase de intentos desesperados por lograr lo que se ve tan difícil: ver renacer a esta emblemática empresa mexicana.

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