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Opinión

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¿Apoyará el PRI ?las reformas ?de Peña Nieto?

Sabe que no cuenta con los partidos de izquierda.

El gobierno de Enrique Peña Nieto no puede aspirar a que sus ambiciosos planes de abrir la inversión del sector petrolero prosperen si su partido no vence las terribles resistencias internas que los hacen actuar en el Congreso como una vieja maquinaria ocupada sólo en sus propios intereses.

A la par que el Presidente electo de México va y defiende en Europa la necesaria apertura de las actividades petroleras, los senadores de su partido se convierten en parapetos de los intereses de los líderes sindicales y pretenden frenar a como dé lugar la democracia y transparencia de esas organizaciones.

La pregunta más simple para Peña Nieto es: ¿con qué partidos políticos busca lograr consensos para las modificaciones constitucionales que se requieren para la apertura petrolera?

El gobierno que llega ya sabe a estas alturas que no cuenta con el PRD y demás organismos políticos que explotan de mala manera el mote de izquierdas.

Para estos partidos, si algo no les gusta, aunque sean minoría se sienten con el derecho de paralizar los recintos legislativos y las calles de país para imponer por la fuerza lo que ellos creen. Así que, con esas posiciones tan retrógradas, no se puede llegar a ningún lado.

El problema de estas bancadas es que no sólo hacen uso de su legítimo derecho de oponerse a una reforma, sino que mienten en su propósito de imponer su forma de pensar. Una de sus mentiras favoritas es decir que se pretende vender Petróleos Mexicanos (Pemex), cuando la realidad es que no existe inversionista en su sano juicio que pretenda comprar esa bomba de pasivos laborales que vive con un pie del fisco en la cabeza.

El PAN no sólo podría, sino que debería apoyar hasta con convicción estatutaria la participación privada en éste y otros sectores. Pero quizá los priístas se enfrentarían a dos preguntas del panismo: ¿por qué a ellos los impidieron hacer esos cambios cuando estaban en el poder? Y, ¿por qué apoyarlos en ese cambio estructural y no en la reforma laboral, que también tiene ese carácter de modificación trascendente?

Es posible que los tricolores confíen en su habilidad política para superar los desencuentros que ahora les dejan a priístas y panistas la discusión laboral. Pero podrían ser las de hoy zanjas profundas y más difíciles de cubrir.

Pero hay una pregunta mucho más compleja para el gobierno peñanietista: ¿podrán sacar adelante esta reforma energética necesaria con ese PRI que ahora se muestra en el Congreso como guardián de las viejas prácticas de la opacidad y el corporativismo?

La ventana de oportunidad para realizar cambios estructurales de gran envergadura en este país es muy breve. Corre, justamente, durante los primeros meses de gobierno, antes de que fluyan los primeros datos sobre el desempeño de la administración entrante y antes de que empiece a calentarse el ambiente pre electoral de los comicios intermedios.

Durante estos días de gira por Europa, Peña Nieto refrendó sus intensiones de modificar el sector energético y hacendario de México. Y tiene toda la lógica que así sea. Para liberar al sector petrolero de la rémora fiscal que lo tiene postrado, hay que hacer una reforma tributaria que compense adecuadamente esos ingresos.

Entonces, es muy fácil prever la autoinmolación de las izquierdas. Primeras planas, programas de radio dedicados al tema, manifestaciones, consignas, tomas de tribuna, incontinencia verbal, etcétera.

Podemos anticipar a los panistas queriendo poner su sello en las reformas, buscando llegar mucho más allá de lo que sea que proponga el ejecutivo. A la par, estarán los empresarios con su respectiva retahíla de argumentos proinversión privada. No faltarán los medios, las primeras planas y los programas de radio dedicados a esta postura. Quizá lo único que podría extrañar esta derecha es tener su ejército de provocadores al estilo SME, 132 o Noroña.

Pero lo que no sabemos es cuál será el comportamiento priísta. Porque si la reforma energética o la fiscal se parece a lo que ahora defienden en materia laboral, seguramente, será insuficiente. Peña Nieto está dando la cara para hablar de cambios estructurales, no parches cosméticos como los que suele cocinar el Congreso.

Los priístas son muy diferentes a los panistas en eso de hacer política. Pero el Presidente electo debería verse en el espejo del Presidente que se va. Calderón llegó a la Primera Magistratura postulado por Acción Nacional, pero ya en el gobierno su partido lo abandonó a la deriva en medio de las disputas internas del poder.

Así que no es nada ocioso preguntar si el estilo echado para delante de Enrique Peña Nieto es compatible con el viejo estilo refrendado del PRI de hacer política.

ecampos@eleconomista.com.mx

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