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Opinión

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América del Norte en la globalización

Qué hacer con la

pregunta ¿qué hacer?

J. Derrida

El antiguo Hospicio Cabañas de Guadalajara, sede de la Cumbre de América del Norte, fue ya desde sus piedras pulidas una convocatoria silenciosa a los mandatarios de los tres países que integran la región. Antes de que Estados Unidos fuera Estados Unidos, antes de la Independencia y de la Revolución, ese edificio entre románico y colonial representaba una idea. En la sala principal, los murales de Clemente Orozco en el ábside de lo que fuera la capilla de ese monumento, que todavía recuerda las batallas de una nación, tierra, agua, aire y fuego, sorprendían a Obama, como lo mostró la televisión.

La Cumbre se describe entonces como un silencio asombrado para dejar libre la impugnación lanzada por el símbolo. Las expectativas acerca de sus resultados se cumplieron, nada espectacular, salvo el anuncio del Ejecutivo estadounidense sobre la posibilidad de presentar una ley de migración al Congreso al finalizar este 2009. Las cosas se vieron a ras de tierra. Las economías seguirán el comportamiento inducido por las decisiones técnicas tomadas por los gobiernos y las de empresarios y financieros que aceptan riesgos o aguardan bajo un techo seguro. En materia de seguridad y lucha contra el crimen organizado se atenderá lo acordado, lo mismo que la cooperación trinacional para enfrentar la influenza AH1N1 de la que se prevé un nuevo oleaje para este invierno.

Se dio cuenta del día al día, de por sí altamente conflictivo. Por lo pronto, aunque el país debe mantenerse fuertemente atado a la economía estadounidense que se recupera, hay que tener en cuenta que este proceso será lento y complejo. No será como en las recuperaciones anteriores. El nuevo ciclo exige inversiones en lo por venir: robótica, conversión energética y biotecnología, incluyendo aquí los nuevos medicamentos. Tardarán.

México ha de prepararse para una asociación en este campo, invertir allá y atraer inversiones. Entre tanto deberá alcanzar una alta calidad ejecutiva al aplicar cada medida para ser más competitivo: gobernabilidad, finanzas públicas sanas, infraestructura, PYMES y cambio del modelo educativo. Asirse a una idea de aquí al 2018: estar entre las cinco o seis economías más fuertes de la globalización. Con Brasil, transformar América Latina en un gran mercado de 600 millones de alto consumo. Si así sucede, para entonces, México tendrá una voz diferente en la Cumbre de ese año.

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