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Opinión

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AMLO: perder batallas, ganar la guerra

Foto: @JesusRCuevas

El presidente López está planteando la coyuntura en términos de guerra política, no de contienda democrática: o ellos o nosotros. Y la oposición partidaria le contesta en iguales términos: MORENA o nosotros. El ambiente guerrero nos ha involucrado a todes. No hay un solo asunto coyuntural que no se haya planteado así: las candidaturas fallidas de Salgado y Morón son atentados contra la democracia para el mandatario y lanza una ofensiva. Pero va más allá: los plantea como derrotas personales. Los contrarios la celebran como un triunfo que pesa contra el presidente. Que el Tribunal Electoral avale los criterios del INE sobre la sobrerrepresentación lo consideran otro triunfo contra la voluntad del Ejecutivo. 

En estricto sentido, ninguno de estos asuntos (y muchos otros) representan una derrota presidencial. López Obrador no metió la pata en la falta de los informes de precampaña y tampoco impulsó el marco legal de la sobrerrepresentación (fue el PRI). Pero son derrotas suyas porque él las hizo, malamente, sus causas, su razón de ser en el gobierno. Mal negocio pelear batallas ajenas, sobre todo cuando tienes muchas propias.

Además, el presidente López pelea las batallas solo, confiado en su popularidad y su discurso. Pero las batallas se multiplican por la incapacidad, corrupción, errores, omisiones y mentiras de él mismo, pero también de sus partidarios y colaboradores más cercanos. Hace bien en ser un hombre leal con los suyos, pero ha llevado las cosas al extremo de defender lo indefendible. 

Perdió la batalla legal en la Ley Eléctrica y todo indica que la perderá en la de Hidrocarburos. En la exigencia de los datos biométricos tiene obstáculos legales fuertes derivados de la actuación de jueces. Su decisión de darle todo el poder al ministro Zaldívar y ampliar en dos años su mandato como presidente de la SCJN será probablemente desechada. 

En ambientes democráticos y con oposiciones fuertes e instituciones sólidas las derrotas de un presidente lo obligarían a volver a hacer cálculos para replantear temas y propuestas. Este no es el caso ni por la persona ni por el contexto. Lleno de una especie de virtus latina, el mandatario cree que el poder sirve para ejercerlo, no para negociar. En su historia política personal no se sabe que haya negociado nada de lo que consideraba esencial. No lo hizo antes, ¿por qué hacerlo ahora? Con márgenes de popularidad superiores al 50% cree que puede llevar adelante su proyecto tal y como lo imagina. El contexto también le favorece: una oposición débil y con muchos muertos en el armario no es un buen rival. Una oposición que responde a la guerra con guerra, pero cifra su esperanza en el desgaste del gobernante ante una realidad que nos ha golpeado fuertemente como país. A veces parece que la oposición desea que el país empeore para que AMLO pierda popularidad. Mal negocio para todes.

Al asumir todas las batallas como suyas parece estar siguiendo la idea de Von Clausewitz que postulaba que, en la guerra, todos los recursos de la nación debían ponerse en ello. Así, todos los recursos de su gobierno deben estar supeditados a combatir a aquellos que se le oponen. Poco a poco, el presidente va perdiendo batallas, pero conquistando poder en las instituciones que le pueden ofrecer un contrapeso, como el tribunal electoral o la Suprema. Todavía no las controla, pero avanza. 

A las instituciones que no puede controlar, simplemente las anulará. Así lo aseguró en la mañanera del pasado 29 de abril cuando dijo que pasadas las elecciones presentará una reforma administrativa amplia, que extinga los organismos autónomos como el INE, INAI, COFECE, inclusive el tribunal electoral. Las funciones de estos serían repartidas entre los tres Poderes. ¿No es este un autogolpe de Estado que eliminará contrapesos y le dará todo el poder a un solo hombre? En cuanto se habla de golpe de Estado hay algunos que se alarman y señalan que no se debe mentar la cuerda en casa del ahorcado. Pero ¿cómo se puede llamar a este proceso de conquista de posiciones?

El ambiente de guerra favorece a quien tiene el poder. Es indeseable para la estabilidad y la concordia, pero es útil para el propósito de anular contrapesos. Se entiende que el presidente López apueste a la guerra; solo con la guerra y la anulación de sus enemigos (es un eufemismo llamarles adversarios) podrá conseguir llevar adelante sus ideas, que ni siquiera alcanzan la denominación de proyecto. 

Una lectura atenta de declaraciones y actitudes revela que muchos de los partidarios de la 4T y el presidente se van alejando de sus ocurrencias. Se quedan con él los pusilánimes, los fanáticos y los oportunistas. Mala cosa que el hombre con el poder se quede solamente con los que lo alaban.

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