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2026: El reto es diversificar la construcción de vivienda para todas y todos
Opinión
El año inició con una perspectiva positiva de crecimiento para el sector vivienda, un escenario alentador para quienes lo integramos. Sin embargo, esta expectativa aún se encuentra lejos de traducirse en una política pública que comprenda de manera integral lo que la vivienda representa para el país. Hoy existe un reconocimiento claro, por parte del Gobierno Federal, de que la construcción de espacios habitacionales es tanto un eje prioritario del desarrollo nacional como una herramienta de equidad social. Asimismo, en distintas dependencias se observa un compromiso por agilizar trámites que permitan a los conjuntos habitacionales contar con servicios básicos en beneficio de las personas. Sin duda, se trata de un buen punto de partida.
No obstante, uno de los retos más relevantes de mediano y largo plazo —y que debemos comenzar a atender de manera urgente— es la diversificación de las necesidades de vivienda. Las transformaciones en la composición de los hogares, los cambios demográficos y los nuevos estilos de vida demandan alternativas habitacionales distintas a las tradicionales. En una urbe como la Ciudad de México, solo 56% de los hogares familiares son nucleares, y cada vez más personas optan por compartir una vivienda sin tener una relación de parentesco. De acuerdo con los datos más recientes, este tipo de hogares se encuentra en crecimiento y ya supera el 16%. A ello se suma el aumento en la presencia de mascotas en los hogares, consideradas hoy como un integrante más de la familia.
Ante este escenario, tanto los desarrolladores como los gobiernos están obligados a mirar estas nuevas realidades y a diseñar políticas públicas, así como instrumentos de apoyo y fomento, que respondan a las necesidades de una población cada vez más diversa.
Es fundamental comprender que la diversidad no se limita al número o tipo de personas que habitan una vivienda, sino también a las condiciones y características de quienes la ocupan. El aumento en la esperanza de vida, por ejemplo, nos obliga a reconocer a los adultos mayores como habitantes y propietarios con necesidades específicas. En la Ciudad de México viven alrededor de 1.5 millones de personas mayores de 65 años; muchos de ellos viven solos y cerca de la mitad presenta dificultades para subir o bajar más de 12 escalones.
A ello se suma la existencia de aproximadamente 1.7 millones de personas con alguna discapacidad, en muchos casos relacionada con la movilidad y el uso de los espacios. Es indispensable integrarlas en iniciativas que les permitan mejorar su calidad de vida y ampliar sus posibilidades desde la propia vivienda.
Desde CANADEVI Valle de México reconocemos los esfuerzos institucionales que se realizan desde la Federación, así como la apertura de los gobiernos del Estado de México y de la Ciudad de México. Sin embargo, insistimos en que 2026 debe ser el año en que la vivienda se consolide plenamente como el motor de transformación social y bienestar que siempre ha sido. Esto implica avanzar en la agilización de trámites, la apertura de nuevos mecanismos de financiamiento y el fortalecimiento de la certidumbre jurídica, pero también adoptar una visión de largo plazo que permita construir viviendas verdaderamente pensadas para todas y todos.
Solo así será posible traducir el discurso en soluciones reales y accesibles para las familias que hoy siguen buscando un hogar.
*El autor es presidente de CANADEVI Valle de México.