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El problema fiscal: ¿disyuntiva resuelta?

A tres años de haber iniciado este gobierno, México se mueve poco. Lejos de caer en los reproches comunes, y justificados, referentes a la corrupción, la inseguridad, la educación, etc.

A tres años de haber iniciado este gobierno, México se mueve poco. Lejos de caer en los reproches comunes, y justificados, referentes a la corrupción, la inseguridad, la educación, etc. Me parece que en el terreno estrictamente económico la estrategia que se siguió pudo haber sido correcta pero hasta el momento es fallida

Las reformas, punto de coincidencia de todos por más de dos sexenios, se lograron; sin embargo, el país no se movió como se anticipaba. La otra pinza del impulso que habría: Un gasto público dinámico apoyado en mayores ingresos fiscales, simplemente se esfumó ante la fuerte baja de los precios internacionales y del volumen de la producción nacional de petróleo.

En cuestión de algunos trimestres la solvencia de las finanzas públicas se puso en entredicho. Primero, porque se deterioraron a propósito bajo la idea de recaudar más recursos y dinamizar el gasto; en segundo porque el Gobierno resultó todavía muy dependiente de la venta de hidrocarburos. Tanta seguridad había de que la fórmula sería exitosa que se promulgó un compromiso de no volver a subir impuestos ni los precios de la gasolina en el resto de la administración.

Parte de la inquietud de los inversionistas con respecto a México que provocó el ajuste cambiario es que el Gobierno se enfrenta a una disyuntiva importante: Intentar mover a México, acompañado de las circunstancias, bajo la premisa de preservar la calidad crediticia del país o hacerlo faltando a los compromisos previos en materia de impuestos y de disciplina fiscal.

Las recientes declaraciones del Secretario de Hacienda y del mismo Presidente Peña en su informe hablan de que hay claridad en optar por lo primero. No habrá mayores impuestos en el 2016, así, palabras más o palabras menos, lo han dicho.

Mantener la disciplina fiscal entonces depende de ajustar el gasto. El parámetro principal es que no haya un aumento del déficit fiscal que este año alcanzará 3.5% del PIB y que se comprometió a ser de 3.0% del PIB en el 2016, al mismo tiempo que no exista un aumento en el endeudamiento público. Hay que recordar que ambos fenómenos fueron una característica primordial de la estrategia del gobierno desde hace tres años: aumentó el déficit y aumentó la deuda.

El gobierno ha asegurado ya aproximadamente una cuarta parte de la venta de petróleo para el 2016 a un precio de $49 dólares por barril. Ello indica que el ingreso, en un entorno de crecimiento similar al de este año, prácticamente no crecería. Si el objetivo es un déficit como el comprometido de 3.0% del PIB el ajuste en gasto debe ser relevante; se habla de alrededor de $200 mil millones de pesos.

Hay una salvedad. Este año el Banco de México le regresó al gobierno aproximadamente 30,000 millones de pesos por utilidades principalmente derivadas de ganancias cambiarias en el valor de las reservas. Este año tales ganancias deben ser mucho mayores, hay la posibilidad entonces de un regreso de recursos mucho mayor en el primer semestre del año próximo. Ello puede mitigar el tamaño de los recortes sin afectar el objetivo fiscal.

Es elogiable que las autoridades hablen de que le toca al gobierno apretarse el cinturón, gastando menos y mejor. Ahora debe luchar contra la incredulidad de muchos hablando con los hechos.

No deja de haber inquietudes hacia adelante. Una es la posibilidad de aumentos en precios y tarifas públicas que, no necesariamente son impuestos, y que por supuesto que ayudan a los ingresos del gobierno. Actualmente hay un ambiente muy poco favorable en el ámbito de precios debido a la fuerte devaluación del peso. Anteriormente ha sido el gobierno el principal factor de choques inflacionarios al ajustar impuestos y precios públicos. La disciplina no solo se concentra en no gastar más de lo que hay, sino en colaborar a que las variables financieras no se alteren, la inflación desde luego en este momento es la más vulnerable.

El otro riesgo, es que al optar por el orden, la dinámica de crecimiento se hace más dependiente, de nuevo, de los factores externos. Necesitaríamos una recuperación sólida de la industria en Estados Unidos, de la demanda global por bienes y servicios, así como del precio del petróleo, para poder lograr una tasa de crecimiento cercana (difícilmente similar) a las que se esperaban para la segunda parte del sexenio. Si llegamos al 2017 y el crecimiento sigue siendo tan pobre, la tentación de relajar la disciplina estará sobre la mesa.

Por lo pronto, en un entorno tan complicado en el exterior y con autoridades privilegiando la austeridad (no tenemos porque no creerlo) la perspectiva de crecimiento difícilmente mejorará. Veremos escasos rendimientos en bolsa y mucha sensibilidad del tipo de cambio y las tasas por la percepción de los inversionistas alrededor de estos temas.

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

perspectivas@invex.com

Twitter: @invexbanco

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